La tradición cuenta que gracias a una misiva de San Francisco de Paula, el rey Fernando 'El Católico' persistió en el empeño de conquistar la ciudad, llevaba tres meses y no había forma. La reina Isabel, echaba raíces en la Trinidad con la Virgen de los Reyes, mientras Santa María de la Victoria intercedía en su barrio para iniciar un nuevo capítulo de la historia en Málaga. Momento que más de uno quisiera festejar con tanta rigurosidad para impedir celebrarlo. Este año lo celebramos con cabalgata y esperemos que siga así el año que viene.
La ciudad de Málaga merece que este episodio sea siempre conmemorado, porque pocos son los hitos que superan a la anexión de Málaga a la Corona de Castilla. Al mismo tiempo se celebra una victoria y una derrota; al mismo tiempo se celebra el paso de una civilización a otra; al mismo tiempo hay que seguir recordando la historia para que no se repita y "ojalá" (Según la RAE: Del ár. hisp. law šá lláh, si Dios quiere) no existiera un ser humano con espíritu revanchista y vocación de conflicto. La Lengua Española ha sabido adaptar mejor su historia, que los españoles la suya. Las cofradías inician en esta fecha su vida en Málaga, porque antes de esta efeméride "nasti de plasti". Era inviable.
Desde la perspectiva del siglo XXI sigamos luchando (sin armas) por conseguir la paz que Dios (en cualquiera de las religiones) quiere para sus hijos e hijas. El 19 de agosto de 1487 arranca la unión de la ciudad con las tallas marianas de Santa María de la Victoria y Nuestra Señora de los Reyes. Y no me dirán ustedes que no tuvimos una suerte divina. Belleza y devoción han navegado durante cinco siglos y cuarto.
¿Conquista o reconquista? Me quedo con una biznaga, una barca de jábega y un espetito; que traducido resulta: a Málaga ni tocarla.




















