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OPINIÓN / BLOGOSFERA
Publicado en Semana Santa del ayer

Edades doradas

Aldo Durán | Martes, 27 Marzo 2018
El Señor del Huerto y el de la Puente del Cedrón. El Señor del Huerto y el de la Puente del Cedrón. EL CABILDO

La fundación de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga en 1921 supuso un hito que dio pie a la primera edad dorada de las cofradías malagueñas. Era el final de una evolución iniciada años atrás, concretamente en torno a 1914, producto de una serie de inquietudes manifestadas ya desde la segunda mitad del siglo XIX. Proceso de cambio en la concepción de las manifestaciones de culto externo que vivieron nuestras cofradías, pero el cambio de aquellos años ¿lo vivimos solo en Málaga? Sin temor a desintegrarnos, miremos un poquito a nuestros vecinos, a otras ciudades andaluzas para comprobarlo. No estamos aislados, ni siquiera entonces.

 

Inquietudes y finales del siglo XIX

Vayamos al inicio. El Avisador Malagueño de 23 de marzo de 1856 publicaba el sentir de la burguesía y los pequeños comerciantes sobre la posibilidades turísticas de las procesiones, cuyo número y calidad debía crecer para poder competir con Sevilla: “indudablemente debe haber un interés por fomentarlas; pues sin que sea una paradoja, pueden decirse que contribuyen en gran manera al movimiento del comercio, del tráfico, y de las artes y oficios. La Semana Santa en Sevilla sabido es la inmensa concurrencia que atrae allí de forasteros, y los muchos productos que está concurrencia deja.”

En años posteriores son constantes las alusiones en la prensa malagueña a Sevilla y su Semana Santa, así como a los muchos forasteros que allí acudían gracias a la nueva línea de ferrocarril: “Son muchas las personas de Málaga que se proponen visitar a Sevilla durante los próximos días de Semana Santa y feria, utilizando la nueva vía férrea que economiza, como es sabido, algunas horas en el trayecto comprendido entre ambas capitales. Aquí no tienen aquellas solemnidades religiosas la importancia que en la ciudad del Guadalquivir, pero aunque en otras proporciones, creemos que han de ser bastantes las familias que vayan a Alhaurín y Antequera, puntos donde los pasos y las procesiones llaman con fundamento la atención.” (El Avisador Malagueño, 14/04/1878).

 

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El Avisador Malagueño, 24 de marzo de 1888

 

Al inicio de la última década del siglo XIX, en Málaga nos encontrábamos en el momento álgido de un nuevo resurgir del procesionismo, esta vez producido tras el parón del sexenio revolucionario en el que solo procesionó la Soledad de Santo Domingo y no siempre. En 1893 llegaron a salir trece cofradías, con la nueva calle Marqués de Larios como protagonista en sus recorridos. Se fundaron nuevas hermandades, como el Sepulcro, Gran Poder de la iglesia de Santiago o la Columna en el Carmen, además de revitalizaciones y fusiones. Todo ello, a pesar de la crisis económica, la cual finalmente ganaría la partida a las cofradías malagueñas.

Crisis que no solo se dejaba sentir aquí: “Algunas de las personas que procedentes de Málaga fueron a Sevilla para pasar allí la Semana Santa, escriben que han encontrado menos animación que otros años, pues se han retraído la mayoría de los forasteros, en términos de que de los pueblos inmediatos han dejado de ir este año numerosas personas. Granada, Cádiz y Córdoba, que enviaban numeroso contingente, también han mandado menor número, debido sin duda a la crisis económica porque vienen atravesando las principales poblaciones de Andalucía”. (La Unión Mercantil, 6 de abril de 1890).

Esta crisis económica se manifestó con especial virulencia en Málaga, arrastrada desde años atrás a causa de la filoxera y el cierre de la otrora próspera industria siderúrgica y textil, lo que provocó paro, marginalidad y mendicidad. En 1894 se intenta poner coto con el intento de creación de la Junta de Procesiones. Entidad promovida por el alcalde Francisco Prieto Mera y por el obispo Marcelo Spínola y Maestre, que pretendía, entre otros aspectos, que todas las procesiones de un mismo día partieran juntas desde la Catedral. El intento fracasó por la falta de financiación pública. La Junta de Procesiones quería donativos por cofradía y el alcalde se negó rotundamente diciendo que, o se organizaban las fiestas religiosas por una junta que respondiese de su gestión y de los gastos, o no aportaba el dinero. Las hermandades no querían ceder su autonomía a un organismo de coordinación superior.

 

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Santo Cristo de la Humildad. Ecce Homo (Málaga) [Foto: Arguval]

 

Intento de unión cofrade para la obtención de financiación que sí fructificó en la ciudad de Cádiz, aunque no tuvo regularidad. En 1890 se produjo la unión constitutiva de los mayordomos y priostes en una junta administrativa, con la función de recaudar fondos y conseguir el realce de las cofradías de la ciudad. Esta primera unión derivaría en 1892, gracias al entonces presidente de la Diputación Provincial Cayetano del Toro, en la creación de la Junta Administrativa de Procesiones. Esta entidad abonaba los gastos de las salidas procesionales, velando por la ostentosidad de las mismas. Se consiguió con ello frenar la etapa de postración que estaban viviendo, salvo la cofradía del Nazareno de Santa María, las cofradías gaditanas. En 1892 hicieron su salida procesional un total de siete cofradías, con numerosos estrenos como el de la Cofradía del Nazareno de un nuevo paso de templete para su Dolorosa o el comenzar a utilizar en los pasos la luz eléctrica. En 1894 se produjo la importante fundación de la Cofradía de la Buena Muerte.

 

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Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo (Cádiz) [Foto: Cadizpedia]

 

Financiación y apoyo institucional que tampoco le faltaba a las hermandades de Sevilla, ya desde décadas atrás. Incluso, en 1860 se había promulgado un reglamento municipal donde el Ayuntamiento se comprometía a proporcionar fondos a las cofradías que no contasen con los medios suficientes para realizar la estación de penitencia. Desde mediados del siglo XIX, el Ayuntamiento entendió que con ello se atraían visitantes a la ciudad con el atractivo de sus renombradas procesiones, no poniéndose en duda el aspecto comercial de las procesiones.  En Málaga, hasta el último decenio de esa misma centuria no se puede afirmar la existencia de subvenciones a las cofradías, siendo además de escasa cuantía, otorgadas por el Alcalde con cargo al capítulo de imprevistos. Situación que se mantuvo hasta prácticamente 1921.

 

Llega el siglo XX

Tras el intento fallido de la Junta de Procesiones, el tránsito de los siglos XIX a XX para las cofradías malagueñas fue desolador, pudiendo con ellas la pertinaz crisis económica y la situación política. Entre 1898 y 1910 raramente procesionan más de tres cofradías, siendo tenaces en ello El Rico y el Sepulcro. Durante las primeras décadas del siglo XX se mantiene como norma atender todas las peticiones de ayuda económica que se recibían, quedando siempre la cuantía de la misma a arbitrio del Alcalde. No mejoró la situación al verse este apoyo económico municipal alterado, incluso interrumpido, desde 1910 a 1914 como consecuencia de la fuerte presencia republicano-socialista entre los ediles.

La situación no era mucho mejor en Granada, donde desde 1901 estuvieron prohibidas las procesiones seis años, por lo que hay que esperar hasta 1907 para ver de nuevo una procesión en la calle, concretamente, con una Dolorosa del convento de San Antón y la imagen de San Juan, haciendo estación en la Catedral. Al año siguiente vuelve el Santo Entierro y en 1909 comienza el llamado Santo Entierro Antológico, cuando siete pasos se pusieron en la calle en un cortejo de perfiles castellanos.

 

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La Unión Ilustrada de Málaga, 23 de abril de 1911

 

Desfile oficial del Viernes Santo que también se realizaba en Córdoba ya en la centuria anterior, manteniendo la procesión oficial del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo el mismo esquema y continuando la corporación municipal encargándose de su organización. Estaba conformada inicialmente por cinco pasos (1901 a 1907), sumándose cuatro más entre 1908 y 1913.

Las cofradías que tienen actividad en los albores del siglo XX son las de Jesús Caído, la de Nuestra Señora de los Dolores y la de Nuestra Señora de las Angustias. A ellas añadir la de Cristo de Gracia y la del Santo Cristo de las Ánimas, reorganizadas en 1905 y 1908 repectivamente, y la del Santo Sepulcro, que acompaña al paso titular en la procesión oficial de 1910. Aunque todas ellas tenían actividad, es la de Jesús Caído la única capaz de procesionar a su titular al margen del desfile oficial referido, haciéndolo el Jueves Santo y constituyendo uno de los grandes acontecimientos de la Semana Santa cordobesa durante las dos primeras décadas del siglo pasado. Sin olvidar la procesión del Resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección con las imágenes de Nuestro Señor Resucitado y Nuestra Señora de la Luz recorriendo las calles del barrio de Santa Marina.

El dinamismo de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores contribuye de manera decisiva a la potenciación de la Semana Santa cordobesa, sobre todo a partir de 1910. La revitalización de esta hermandad tiene un fiel exponente en el acuerdo tomado en junta general extraordinaria de salir el Viernes Santo de 1914 con túnicas propias en la procesión del Santo Entierro.

 

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Ntra. Sra. de los Dolores (Córdoba) [La Unión Ilustrada de Málaga, 16 de abril de 1911]

 

La llegada del siglo XX tiene lugar en Sevilla bajo el pontificado de uno de sus pastores más significados, el cardenal Spínola, quien logró que las estaciones de penitencia se realizaran dignamente sobre todo al regreso, como hizo con la Hermandad de la Macarena. Además, se producen fundaciones como las de San Roque (1901) y Santa Cruz (1904). A partir de ese momento no habrá fundaciones de hermandades en Sevilla hasta 1919. En 1909 el Ayuntamiento de Sevilla declina otorgar la subvención a las cofradías como venía haciendo tradicionalmente, lo que supuso un contratiempo. A pesar de ello, en 1900 realizaban estación de penitencia veintiocho cofradías de las treinta y nueve existentes; pasando en 1912 a treinta y seis de las cuarenta y una con actividad.

En Cádiz, una vez desaparecida la intermitente Junta de Procesiones, la Semana Santa vuelve a decaer al llegar el siglo XX. Nuevas cofradías se reorganizaron y procesionaron a sus titulares, como la de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos o la del Santísimo Cristo de la Piedad, conformando un total de cinco cofradías las que procesionaron, por ejemplo, en 1905. Sólo las Cofradías del Nazareno de San Agustín y de la Buena Muerte compitieron en suntuosidad con las demás cofradías andaluzas. Se concluye por la historiografía local que la desidia de los cofrades en particular, y de los gaditanos en general, marcaron la tónica de estos primeros años de la pasada centuria.

Gracias, una vez más, a Cayetano del Toro, la Junta de Procesiones volvió en 1906 y organizó la procesión del Santo Entierro Magno el Viernes Santo, abriendo y cerrando el cortejo la Hermandad del Santo Entierro, agregándose a la misma los pasos de las distintas hermandades, llegando a un total de once. El Nazareno y la Buena Muerte también habían procesionado el Jueves Santo.

 

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Ntro. Padre Jesús Nazareno (Cádiz) [Foto:gentedepaz1940.blogspot.com]

 

Los esfuerzos de la Junta de Procesiones no se vieron recompensados en 1911 y por circunstancias económicas hubo que suprimir la Procesión Magna, siendo escasas las hermandades que al año siguiente mantenían actividad alguna. De las escasas hermandades que sobrevivieron a estos tiempos difíciles, una fue el Nazareno de Santa María, que gracias a sus benefactores seguía ampliando su rico patrimonio. Además del Nazareno, solo se tiene constancia de la salida procesional del Santo Entierro desde San Agustín.

En Granada sí se seguía organizando la procesión del Santo Entierro, aunque aquella procesión única ya sabía a poco. Nuevas propuestas cofrades se presentaban teniendo como escenario, no era la primera vez, el barrio del Albaicín; como en 1913 la procesión de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, que partió desde el convento de Santa Isabel la Real, o en 1917 la de Jesús, a lomos de un pollino, o el Vía Crucis de Jesús Nazareno (Hermandad del Santo Vía Crucis).

En Málaga, la situación al llegar el año 1913 comenzaba a ser muy distinta, iniciándose una nueva recuperación del procesionismo, proceso que llegaría hasta la propia década de los veinte. Una nueva generación se puso al mando de las debilitadas cofradías decimonónicas, propiciando el renacer de antiguas cofradías o el fortalecimiento de las mismas a través de uniones. Ello se manifestó en el aumento del número de cofradías que salieron, seis en 1913, cuando el año anterior solo lo habían hecho la Pollinica y El Rico. También, desde 1915 las diversas cofradías acometieron la reestructuración y agrandamiento de sus tronos antiguos o construcción de otros nuevos, labor realizada por tallistas locales: Andrés Rodríguez Zapata, Antonio Barrabino, Antonio Prini, José Benítez Oliver, Francisco Palma García o los talleres Casasola. El propio cortejo procesional estaba sufriendo cambios, aunque mantenía aspectos de la época isabelina. Las elecciones de noviembre de 1915 y noviembre de 1917, con el hundimiento de la conjunción republicano socialista, hizo el resto.

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La Unión Ilustrada de Málaga, 23 de marzo de 1913

 

La vieja idea de impulsar y utilizar como reclamo turístico el fenómeno procesionista en Málaga, además de coordinar los esfuerzos de todas las cofradías ante problemas y desafíos comunes, se intensificó entre los años 1916 y 1920. Ya en vísperas de la Semana Santa de 1916 se editó un modesto folleto informativo sobre las procesiones de aquel año que contenía, de nuevo, el conocido argumento de importancia de la Semana Santa como reclamo turístico: “En muy pocos años, debido, sin duda al entusiasmo de las Hermandades que han logrado revestir sus cofradías de un esplendor solo comparable al que fama diera a las procesiones sevillanas, la Semana Santa de Málaga ha adquirido gran importancia hasta el extremo de que, en el año que cursa desde el Miércoles Santo al Viernes Santo no faltarán cofradías que….Málaga, pues está de enhorabuena, y siguiendo el entusiasmo, y sintiéndonos todos malagueños, llegará a conseguir con sus fiestas invernales, su Semana Santa, su clima y sus bellezas, ser la capital que mayores atractivos ofrezca al turismo.

En marzo de 1916, al informar El Regional sobre el nuevo trono de Barrabino para la Cofradía de la Puente, consideraba que este tipo de mejoras era “un sumando más para conseguir que Málaga adquiera, si no la fama de Sevilla, cuyas fiestas religiosas son ya tradicionales, por lo menos el nombre de otras que, como Murcia, consiguen atraer buen número de forasteros, único medio de engrandecimiento”.

Apreciable revitalización que también se vivió en la ciudad de Córdoba desde 1917 y se consolidaría en la década de los veinte. La gran impulsora fue la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores al recuperar la tradicional procesión del Domingo de Ramos en marzo de aquel año, haciendo estación de penitencia con la imagen titular al margen del desfile oficial. Entre 1917 y 1919 las cofradías cordobesas dan muestras de vitalidad, como la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, con el éxito conseguido al recaudar fondos para el manto de la titular; el nuevo reglamento de la Cofradía del Cristo de Gracia; la reorganización de las cofradías de Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto y de Jesús en el Calvario, y la fundación de la Cofradía del Cristo de la Expiración. Esta revitalización se pone de manifiesto en la procesión del Santo Entierro de 1919, cuando participaron los penitentes con sus túnicas propias de las distintas cofradías.

Años en los que el Santo Entierro Antológico de Granada tocaba fondo. En 1919 solo se pusieron en la calle seis pasos, siete en 1920 y 1921, pero en 1922 ni siquiera se organizó la procesión.

 

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Santo Entierro Antológico. Virgen de las Angustias de la
 iglesia de San Andrés (Granada) (c.1915) [Foto: borriquilla.es]

 

Mientras, en Sevilla se pone fin a una larga etapa de ausencia de fundaciones, con la Hermandad del Dulce Nombre en 1919. Poco a poco se incrementaba el número de procesiones en Cádiz, recuperándose desfiles procesionales como el de Humildad y Paciencia el Miércoles Santo de 1919. El Nazareno seguía manteniendo su pujanza gracias a la populosa devoción de los gaditanos; al igual que el Santo Entierro, gracias al patrocinio del Ayuntamiento. Sin embargo, la Cofradía de la Buena Muerte se encontraba sumergida en una importante crisis interna.

En nuestra ciudad, Joaquín Díaz Serrano publicaba en La Unión Mercantil del 10 de marzo de 1920 el relevante y premonitorio artículo titulado: “Lo que es y lo que debe ser nuestra Semana Santa”. En el mismo, tras analizar el pasado reciente de las cofradías malagueñas dedicadas mayoritariamente a las atenciones sociales y espirituales que suponían las visitas a los enfermos, llevar el Viático a los moribundos o los enterramientos, constata la realidad malagueña de 1920: “Málaga cuenta con un corto número de cofradías que procesionan a sus efigies si se les compara con otras ciudades españolas, y principalmente con Sevilla. La Semana Santa en ellas no es solo celebrada por propios y extraños, ateniéndose a la originalidad y al sello artístico que infunden a sus Pasos, sino al número tan considerable de hermandades que, en noble pugna, rivalizan por desfilar ante la absorta muchedumbre con el mayor lucimiento. Este año tienen anunciada su salida en nuestra capital diez cofradías, a cual más brillante y hermosa, pero es que no debemos limitarnos a acrecentar el lujo de las que hoy salen, sino a laborar porque en años venideros el número de procesiones se duplique. Una semana Santa repleta de procesiones es una fuente de riqueza…Nuestro ayuntamiento contribuirá al logro de estos fines levantando en los sitios céntricos y amplios unas tribunas…y con el importe de sus alquileres subvencionaría a las hermandades que seguramente saldrían mejor paradas que con lo que se le entrega en la actualidad…

Llegaban las edades doradas.


(Continuará)

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Comentarios   

0 #1 EspejoCofrade 02-04-2018 16:29
Interesantísimo estudio. Ya espero ansioso la continuación.

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