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OPINIÓN / TRIBUNA

Más allá de la paleta de opiniones que surjan cuando se descubra el cartel, quiero compartir con vosotros, las preguntas que me han rondado la cabeza desde que Pablo Atencia me hizo esta propuesta: ¿Tiene sentido en esta época de grandes avances en la comunicación, y en una sociedad secularizada, un cartel de formato clásico y de temática religiosa? Yo estoy convencido que sí, y por eso estoy aquí ante este atril.

Pero, creo también, que hay que recordar que un cartel es sobre todo un mensaje visual que queremos transmitir, y que debe ser exhibido en el espacio público.

Aunque exista mucho debate, el cristiano es un ciudadano en el mundo, y la fe no es sólo para el espacio privado. Está llamado a mostrarla con respeto en los nuevos areópagos de la sociedad. No podemos arrancarnos algo tan esencial en nosotros cuando salimos a la calle. Y esto lo sabéis muy bien los cofrades.

Pero, volviendo al cartel, una de sus funciones principales es la reproducción y la difusión: - bien para vender un producto (pocos recuerdan a Ramón Casas, pero sí la imagen de un famoso anís con nombre de animal), - o para transmitir una idea (todos conocemos al Tío Sam con su sombrero de copa y su I want you), - o para convocar a un evento (los toros, por ejemplo). Pero... segunda pregunta: ¿cómo presentar un mundo emocional tan grande como el de la Semana Santa en un golpe de ojo, mientras caminamos por la calle y nos están vendiendo otros productos en apariencia más atractivos? Sabemos todos que no es fácil, y que de media, le dedicamos a su visualización unos cuatro segundos.

En el hoy de la saturación informativa, donde muchos recurren a la provación o a la agresividad visual... tercera pergunta: ¿cómo anunciar un acontecimiento de siglos de historia con un peso religioso tan grande, y donde cada año contamos lo mismo? Más allá del estilo, creo que por donde debemos transitar es por el camino de la calidad de la obra.
Un buen cartel sigue siendo un grito visual y va más allá de convocar a un evento en nuestro caso, es llevarnos al mundo de la tradición secular, del recuerdo y por supuesto de la fe. Una obra de poca calidad jamás representará tan gran tesoro, y caerá en el olvido.

Uno de los grandes conflictos de muchos artistas a los que se le encarga esta tarea es saber con qué imagen la represento y qué estilo. No es mejor o peor por el motivo pintado. Recordemos que la Semana Santa de Málaga se anunció con una cruz o con tenebrario, y son de los carteles más expresivos que tiene la Agrupación. No es necesario contarlo todo, sino buscar su mensaje simbólico. No olvidemos que el ámbito religioso, es el territorio primero del símbolo. Tampoco es mejor por el estilo. Aunque, personalmente, añoro esos carteles que le hacían guiños a las vanguardias, aunque no representaran a ningún titular.

Además el cartel no debe ser un cuadro al que le añadimos un texto. Tiene que existir una relación entre el mensaje visual y el literario. Porque el objetivo último del cartel no es hacer arte. Aunque desde hace mucho tiempo es una disciplina artística (nadie duda de Toulouse-Lautrec y su famoso Moulin Rouge).

En mi opinión, el cartel de Semana Santa debe ser como un imán que atrae nuestra atención en la calle, un despertador que nos recuerda que ha llegado la hora, que está aquí la Cuaresma y que volvemos a celebrar el Misterio Pascual. Porque lo importante es que sea un medio atractivo, no un fin en sí mismo, que represente lo que anuncia y que tenga una gran difusión (en el formato que sea).

 

Breve trayectoria José María Ruiz Montes

Buenas noches José María. Voy contigo.

Corrían los finales de la década de los 90, cuando después de más 15 años haciendo parroquia en un bajo comercial, se decide construir un nuevo templo en Jardín de Málaga. Allí aparece un chaval del barrio, que estudia artes en San Telmo, y quiere aportar sus talentos. Una pequeña virgen de barro de trazas sencillas; el crucificado para la Cruz parroquial; o un busto del Señor de Dolores del Puente (quizá por influencia de su profesor Suso de Marcos) son las primeras pequeñas obras que realiza para una Iglesia. Las conservamos en la parroquia, no por significativas en su trayectoria, sino porque siempre los principios son buenos para explicar la evolución de un artista. Y un ruego, no las modifiquemos.

Y sin salirnos de la demarcación parroquial de San Juan de Dios, puso hace cuatro años su taller Ruiz Montes. En su barrio. Atrás quedaron los tiempos de Pozos Dulces y los comienzos sin medios.

Cuando entré en el taller, me vino ese agradable olor a madera de cedro, (que se cuela en la memoria para siempre) Y después mi mirada se fue a las reproducciones fotográficas de grandes obras de arte, que nos indica a quienes admira (Miguel Ángel o Bernini). Y en un rincón, una foto de un primerísimo plano del Señor de Pasión de Ortega Bru. Aquí no solo nos une la escultura, sino algo mucho más profundo y emocional. Nos mira el Señor y hacemos silencio. Luego, seguimos con la conversación sobre este Nazareno que nació cerca de nuestro mar, por cierto.

Poco después de estas primeras impresiones, lo que descubro son pequeños tesoros escondidos, de apuntes a lápiz en pequeñas libretas y obras en barro de distintos tamaños y que se amontonan sin orden.

Son sus bocetos, lo que siempre más me ha impresionado de Ruiz Montes, porque ahí se percibe su destreza. Como, en pocas líneas firmes y en pequeñas superficies sombreadas, se dice tanto. Y, sobretodo, destaco la siempre maravillosa experiencia de emergencia del papel al volumen. En nuestro autor la reflexión y los estudios previos tienen su importancia.
Es en su parroquia, donde conoce a José Luis Linares, compañero sacerdote, y que le hace, con 21 añitos, el encargo para su primera obra destinada a un templo: Santa María de la Natividad. Con miedo, según él, y sin máquina de puntos, desvasta la madera y crea el tema clásico de la maternidad. Una Virgen con gesto sencillo de ternura en las manos y alejada de ampulosidades.

En torno al tema mariano, también realizará la Virgen del Dulce Nombre, donde muestra su capacidad para la ejecución de paños, o uno de sus últimos encargos la Virgen del Buen Camino, para Gamarra.

Otro aporte fundamental para comprender su producción son las esculturas de pequeño formato, destinadas en su mayoría a tronos y enseres. Destasco solo algunas: Ternura Alentadora, esculturas para el trono de la Humillación de Salobreña, para el sagrario del Oratorio de la Penas, Ángel Sacramental para Viñeros, o para los ciriales del Sepulcro. Pero, es el encargo para el programa del trono del Crucificado de Redención, su obra más completa y donde se dan más motivos para expresar su maestría y creatividad.

Y, como os dije al principio, entramos en la Pasión.

Sin lugar a dudas, hay una obra que supone un punto de inflexión importante en su trayectoria, tanto personal como artística (él sabe de lo que hablo). Obra que tuvo una gran repercusión en las redes, y que bautizó en su libro Fernández Paradas, como el Cristo de los 30.000 amigos en Facebook. Llamado por el autor Espejo de los Afligidos.

Agachado y atado a una columna, proteje su rostro de los latigazos. Destaca la mirada perdida, de resignación y de dolor ante los golpes, y no solo los físicos. Aquí se cumplen las profecías del Siervo de Yaweh... como cordero llevado al matadero.

Una postura que requiere un estudio anatómico y una destreza que nos indica por donde va transitando ya. Y, huyendo de los istmos, podríamos enmarcarlo en ese nuevo realismo que se deleita en los detalles y texturas, sin olvidar lo cinematográfico y el anclaje a la tradición barroca.

El tema más realizado por Ruiz Montes son los distintos momentos de Cristo en la cruz.

El primer crucificado es un expirante que dirije su mirada al Padre. Para una cofradía de Fuengirola, llamado de la Caridad.

El segundo, Cristo ya muerto, para la Residencia del Buen Samaritano en Churriana, llamado del Consuelo.

Y el último, antes de morir en diálogo con la Virgen y el discípulo amado. Cristo de la Misericordia para San Miguel en Málaga.

Este último, y con motivo del Año de la Misericordia, lo pudimos ver al detalle en el Palacio Episcopal. Donde, desde el centro de un cubo, emergía la imagen, y cuando nuestras pupilas se adaptaban a la oscuridad de la sala, en las paredes aparecían las siete palabras de Cristo en la cruz.

Y vuelvo al taller. Allí también se acumulan obras que saldrán dentro de poco. Entre ellas, su último encargo, el que le hace la Agrupación y la única sobre caballete, el cartel de la Semana Santa de Málaga.

Pero antes de iluminarlo, permitidme una breve oración. Un fragmento de la plegaria del iconógrafo, que hace antes de realizar una tabla y después de una preparación espiritual que duraba semanas. Dice así:

Purifica mi mirada, no me dejes olvidar jamás
que todo el saber es vano, y el trabajo es vacío,
si no hay amor, y que el amor me une
a los demás porque me une a ti, Señor.
Enséñame a orar con mis manos.
Hazme recordar que la obra de ellas
te pertenece y solo a ti dará gloria. Amén.

Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3, 16-17)

Esta cita de San Juan, recorre el perímetro del trono del Cristo de la Redención, y resume muy bien el centro del cartel. Sobre el símbolo del Sol, que es Cristo, aparece recortada y de espaldas la silueta del Crucificado de los Dolores de San Juan. Todos los demás elementos está situados en orden a este motivo central.

Y siguiendo con la descripción, corona el madero vertical el Epíritu Santo, que revolotea sobre las iniciales cruzadas del saludo del ángel a la Virgen: Ave María, y el cuerpo superior de la torre de la Catedral, la Iglesia (Por cierto, representada hasta 20 veces, con el cartel de este año). Completan la composición, en la parte baja unos nazarenos, y el texto: Semana Santa de Málaga 2018; y en la superior, una imagen de la Malagueta y Gibralfaro.

Para aproximarnos al cartel de este año, nos trasladamos al origen, a las primeras representaciones del cristianismo que nacen en las paredes de las catacumbas. Según Plazaola, un arte que venía a ser una “plegaria” figurada, más que una catequesis.

Estas representaciones de Cristo, en su mayoría son simbólicas y alegóricas. Y algunos de estos símbolos todavía perviven, y están presentes en nuestro cartel. En segundo plano, pero fundamentales para entenderlo.

 

Tres personas y un solo Dios

Esteban Lorente nos explica su significado iconográfico. La delta griega, inscrita en el círculo que forman Alfa y Omega, expresan la glorificación de Cristo. Por lo tanto, siempre están asociados a la Resurrección y a la Parusía. Ya, San Orens, en el siglo V, escribía:

Espectador, mira y considera estas perfectas figuras. Examina el perfecto enigma de este elocuente signo. Cuando veas la Rho griega, esta es la cabeza y los brazos clavados. La Iota porque aquí está el cuerpo recto y suspendido. Sigue la letra del rescate, pues el rescate hace la Salvación. Después el Alfa está a un lado y al otro el omega. La primera porque es el principio y la otra porque significa los Novísimos. Estos elementos muestran a Dios sobre cualquier otro elemento.

Ruiz Montes nos trae aquí una interpretación moderna del Crismón, donde sustituye las dos letras griegas superpuestas, por el Crucificado de Redención.

Un crucificado ya muerto. Donde todo está cumplido e inclinando la cabeza entrega el espíritu. Y con el costado atravesado, Jesús reina con serena majestad desde el trono de la cruz. Un concepto teológico que proviene del Evangelio de San Juan, y que la maestría de Miñarro supo materializar.

 

Tres edades del hombre

Tema clásico del arte, que José María lo hace cofrade, representándolo con dos nazarenos de Pasión y tres niños monaguillos. En la gestualidad de cada uno de ellos, podemos ver: al de edad avanzada que porta un martillo de mayordomo y da la espalda al espectador para centrar su atención en Cristo (el encuentro definitivo con Él está más cerca) Al joven que mientras sujeta un farol instruye a los pequeños. Y a los niños, en sus cosas, ajenos a lo que sucede se entretienen con el incienso y los carbones. Una imagen plástica de lo que puede ser la vida de cualquiera de nuestras cofradías.


Tres sentidos

Expresados en tres detalles poco llamativos, casi ocultos, pero que forman parte del cartel. Una corneta, unos limones y el azahar. Sonido, sabor y olor que asociamos a la Semana Santa.

 

El texto

Juego de letras en forma de base que cierra la composición. Donde la capital y la final se convierten en las esquinas de un trono hecho de hojas de acanto y frontones partidos. El volumen de las letras se consigue con los colores rojo, morado y verde. Tan significativos para los cofrades y para la ciudad.

Y de fondo … Málaga.

Paisaje clásico de la Alcazaba, Gibralfaro y la Malagueta (sin bloques) donde se intuye la Farola.

Parece de noche, todavía se ve la luna llena y la costelación de Piscis. Posición meridional, al Sur, como nuestra ciudad. Y volvemos al mundo del símbolo clásico de los peces (cristológico y eucarístico)

Decía que no es de noche, porque está amaneciendo. Empiezan a aparecer las primeras luces del nuevo día sobre el mar.

Y volvemos al extraño regalo del Balthasar, a la mirra. A las aromas que llevan las mujeres al sepulcro. Como aquella mañana, pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana (Mt 28, 1). Es la mañana de la Resurrección. De la Redención según Málaga. Donde todo no acaba, al contrario, comienza.

 

Mensaje a los artistas 

Y no puedo terminar esta presentación sin hacer mías las palabras que dirigió el Papa Benedicto, a más de 260 artistas internacionales reunidos en la capilla Sixtina, el motivo del encuentro fue renovar la amistad y el diálogo entre la Iglesia y el mundo del arte.

“Sois los custodios de la Belleza, tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de amar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. (…) ¡Sed también, a través de vuestro arte, anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad! ¡Y no tengáis miedo de relacionaros con la fuente primera y última de la Belleza, de dialogar con los creyentes, con quien, como vosotros, se siente peregrino en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita! La fe no quita nada a vuestro genio, es más, lo exalta y lo nutre; os anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva, el sol sin crepúsculo que ilumina y hace bello el presente.”

 

· Presentación del cartel oficial de la Semana Santa 2018, realizada por el sacerdote Miguel Ángel Gamero, director de Patrimonio de la Diócesis y de Ars Málaga.

Publicado en Opinión / Tribuna
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