Publicado en Opinión / Tribuna

Banderas guardadas

Alejandro Cerezo | Martes, 31 Julio 2018
"La calle Larios que sube, la plaza que cierra..." "La calle Larios que sube, la plaza que cierra..." EL CABILDO

Tal y como marchan (o aceleran) los acontecimientos, estamos algunos románticos trepando la montaña del destierro para, arriba, echar la vista atrás como Boabdil, y suspirar por las cuatro calles mal contadas que encierran recuerdos y raíces.

En una derrota que se masca como la de La Mundial, que tiembla en su alma decimonónica y no sabe si dejarse caer antes de que la derriben, el Recorrido oficial de la Semana Santa de Málaga parece que se va a ir para siempre y, como nuestra casa-símbolo del Hoyo de Esparteros, a las consignas ensordecedoras de la obsolescencia, la antigüedad, el agotamiento.

Y allá viene, como un batallón dopado, ciego; como un Moneo infográfico y buenista, la salvación en forma laberíntica de un Recorrido oficial que tiene todo el tiempo de trabajo invertido que se quiera, loable; pero que ha sido presentado a la luz de la ciudad -sí: la ciudad, a la que trasciende; esto no es el diseño de una nueva ánfora para un trono- en las casi vísperas de su implantación. Por ello, desconocido, no mascado, no debatido ni asumido por una ciudad que le han vendido lo que viene, pero que aún no le han explicado por qué hay que desechar lo que tiene desde hace un siglo.

Málaga, la robusta Semana Santa de Málaga, va a lanzar al contenedor soterrado las líneas de un trazado que han acompañado, generación tras generación, a los ciudadanos en su fiesta mayor. La Alameda que abre, la calle Larios que sube, la plaza que cierra -y cuya brújula se deja reventar cada Jueves Santo por su Nazareno- y la calle Granada, que nos deja elegir los afluentes.

Y muere el itinerario de siempre como chivo expiatorio, y nunca hubo tiro más desenfocado, de tantos pecados denunciados hasta quedarnos sin teclas, sin saliva, sin voz desde hace años: tiempos de paso, ritmo de cofradías, alternancia de hermandades catedralicias, segunda puerta, contaminación lumínica, ruidos, plóteres...

Ahí están las soluciones; tómenlas. Pero firmen primero el trazado de marras, que si no, será imposible. Todo lo que demandáis viene por salir por Martínez hacia el Mercado y desandar lo andado a la media hora. Todo pasa, necesariamente, por la plaza de la Marina: el único escenario unánimemente criticado por todos los sectores de opinión cofrade, décadas tras décadas. Pues ahí está, como centro del Recorrido oficial sin ser llamada por nadie.

¿Alguien está mirando; no en lo que viene, sino en lo que estamos dejando? ¿De verdad tiene sentido que la Agrupación de Cofradías haya abierto, gratuitamente, este terreno de división de opiniones? ¿Quién hablaba de cambiar este recorrido oficial en la génesis de esta revolución? ¿Quién nos ha vendido algo que no pedíamos? ¿Y si nos detenemos y analizamos qué es lo que se necesitaba y qué viene por añadido?

Y entretanto, las banderas del malagueñismo guardadas. Porque esta vez, ¡ay!, no toca hablar de romper tradiciones, ni de señas de identidad de una Semana Santa, parece. Ahora toca echar tierra al asunto, como un vestigio arqueológico, porque el meollo de nuestros problemas está en las velas rizadas y en los varales cortos. No en el borrado automático de un itinerario apenas inmutado desde los inicios de nuestra Agrupación; no. No en la conversión de un trazado natural e inteligible en un sinuoso circuito neocapillita para curvas con marchas punteras; no. No en la muerte segura del callejeo por culpa de aforamientos, masificaciones en estrecheces y con Carretería allí castigada contra el Guadalmedina; tampoco. Esta vez, las banderas del malagueñismo se agitan poco. Vaya; la única vez que hacían falta en muchos años. Si lo llego a saber, me compro una en los noventa, que las regalaban por auténticas chorradas.

Modificado por última vez en Martes, 31 Julio 2018
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