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OPINIÓN / TRIBUNA
Publicado en Opinión / Tribuna

Una Catedral de malagueñas maneras

ALEJANDRO MARINA | Sábado, 12 Noviembre 2016
Málaga, desde el monte Gibralfaro. Málaga, desde el monte Gibralfaro. EL CABILDO

La Catedral de Málaga tiene un defecto casi incurable: destaca demasiado, y eso en esta ciudad solo es foco de problemas, ya puedes contar todas las catedrales mancas del mundo que hay o a medio a hacer o las que le faltan cuatro retoques decorativos, que la nuestra es la única, mira tú qué desgraciaitos que semos, que representa los siete pecados capitales, eso como mínimo, de ahí pa’rriba, porque no tenemos perdón de cómo la tenemos de dejá y maltrecha

Llega un momento en el que esas sesudas reflexiones, que resultarían insultantes a oídos de cualquiera, hay que tomárselas a guasa o comulgar con Jorn Utzon, el autor de la Ópera de Sidney, “Las grandes obras deben quedar inacabadas”. El valor arquitectónico de una obra está en la maestría con la que está construida, no en si está completa. La Catedral de Málaga es una soberbia obra arquitectónica, más aún su última fase de la mano del maestro mayor Antonio Ramos Medina, cuyo ensayo sobre la gravitación de los arcos es considerado la cota más alta alcanzada por la ciencia arquitectónica española de la Edad Moderna sobre la problemática de la mecánica del edificio para la resistencia de las estructuras.

Pero pongamos la primera piedra antes de irnos al tejado. En marzo de 1528 el Cabildo catedralicio aprueba el proyecto presentado por el maestro mayor Enrique Egas para la construcción de la nueva Catedral, pues hasta ese momento se estaba construyendo la que tendría como fachada principal la actual puerta del Sagrario. La llegada en 1550 de la maqueta realizada por Andrés de Vandelvira, junto con la presentada por Diego de Vergara, maestro mayor en ese momento de la Catedral, deciden la solución de la cubierta. Estas maquetas fueron encontradas en el derribo de las casas que ocupaban calle Cañón, fueron restauradas y expuestas en la Alcazaba, y próximamente volveremos a disfrutarlas en la Aduana. No sería hasta 1583 cuando se empieza a cubrir la cabecera, aplicando la tradición constructiva habitual en el gótico mediterráneo y que aún continuaba en el siglo XVI, en la que la fábrica de piedra de las bóvedas se cubre exteriormente por una lámina de ladrillo, dejando las cubiertas aterrazadas y transitables, lo que facilita su mantenimiento y limpieza. Además cumplían una misión defensiva, como demuestra el caso fortificado de Almería o la misma cabecera de gárgolas cañoneras de nuestra Catedral, así como la seguridad de no sufrir incendios en ataques que arruinaran la obra. Este tipo de cubierta se encuentran en multitud de catedrales (Sevilla, Barcelona, Valencia, Almería, vieja y nueva de Cádiz, etc.), además de multitud de ejemplos en otros países del Mediterráneo, así como en Canarias y la América hispana.

En 1587 el hijo de Diego de Vergara, de igual nombre, termina de cerrar el crucero y retira andamios y cimbras. El obispo García de Haro estima suficiente la obra para la Málaga de entonces y paraliza la construcción. La Catedral se consagra el 31 de agosto de 1588, quedando en el mismo estado que hoy tienen otras catedrales como la de Plasencia o Utrecht. Precisamente la Catedral de Plasencia también paraliza las obras en 1578 y por la misma causa por las que realmente se pararon en Málaga, por falta de fondos, y también trabajaron entre otros, Enrique Egas y Diego de Siloé. Pero la que me interesa es la de Utrecht, la Catedral de San Martín, que en 1674 sufrió el desplome de la nave central a causa de un tornado. Eso mismo pudo ocurrir tras el seísmo de 1680 en el que la grieta del arco toral del crucero aparecida en 1610, puso en peligro toda la obra. Las prisas en Málaga no son seña de identidad y hasta el informe del ingeniero del puerto Bartolomé Thurus en 1719, que pronosticaba el derrumbamiento de no proseguirse la obra, no decidió el Cabildo catedralicio continuar con la construcción. El encargado de ello sería el maestro mayor José de Bada, que también lo era de Granada y donde residía, que pondría la primera piedra de la nueva fábrica el 21 de mayo de 1721, la cual reposa bajo la torre sur, curiosamente.

A partir de 1753 se empiezan a cerrar las bóvedas, cuyo trabajo dirigió casi exclusivamente Antonio Ramos, ya que Bada acudía esporádicamente, la última en mayo de 1755 cuando aún no estaban completamente cerradas las bóvedas principales. A finales de ese mismo año fallece en Granada José de Bada y comienza la tortuosa historia del malagueño Antonio Ramos, que solicita al Cabildo el nombramiento como maestro mayor de la Catedral con el aval de que su maestría había pasado la terrible prueba del terremoto de Lisboa. Se le concede en 1760 después del inmejorable informe que dio sobre él Gaspar Cayón, maestro mayor de la Catedral de Cádiz: “...merece el que V.S. haga toda la confianza en su habilidad”.

La obra en 1763 estaba lista para unirla a la fábrica del siglo XVI y derribar los murallones que separaban las dos partes. Sin embargo, Antonio Ramos hizo un informe por el que proponía primero terminar la fachada, la cual contribuiría a contrarrestar el empuje y peso de los arcos y bóvedas. El Cabildo estaba deseoso de unir la obra, por lo que sometió el informe a la opinión del coronel de ingenieros José Lacroe, quien denunció que los arcos de las naves se habían cargado excesivamente con cadenas de sillería, es decir, que la obra se vendría abajo. Lacroe recibió seis jamones y una caja de vino francés por sus equivocadas consideraciones. Antonio Ramos se defendió con la solución dada a la grieta del arco del crucero, que desde 1680 amenazaba la ruina de la obra vieja, al crear un sobrearco de singular invención, de tal modo que el arco viejo no recibiera más peso que el suyo propio y así evitar el peligro que amenazaba. Sin embargo el Cabildo ante tan contradictorios informes solicita un arquitecto al Secretario de Estado, Ricardo Wal, el cual recomienda a Ventura Rodríguez, el cual llega a Málaga el 12 de mayo de 1764 y tras examinar la obra y realizar informe, regresa a Madrid el 1 de julio. El Cabildo mandó entonces continuar las obras sin modificaciones ni corrección de errores al informe inicial de Antonio Ramos.

¿Por qué plantea entonces Ventura Rodríguez la cubierta de teja? En enero de ese mismo año de 1764 se produce en Málaga una de las más grandes inundaciones de agua y fango, lo que sin duda debió influirle en su apreciación sobre la solución de la cubierta, si bien la razón principal del tejado de madera era rebajar las cadenas de los arcos, es decir, se queda en una posición intermedia entre las tesis de Lacroe y la obra ejecutada por Ramos, aunque reconoce que si no se hace el tejado propuesto, no se rebajen las cadenas, ni siquiera en parte. Así en 1768 quedan unidas definitivamente las dos partes de la obra conforme al planteamiento que realizó Antonio Ramos y avalaba Ventura Rodríguez. A partir de aquí, la culminación en 1779 de la torre norte sería la última obra importante de construcción.

Antonio Ramos Medina, malagueño y maestro mayor de la Catedral de Málaga desde 1760, murió el 27 de noviembre de 1782, cinco meses después de que el Cabildo catedralicio dictaminara la suspensión de las obras. Poco antes de fallecer el Conde de Galvez, don José de Galvez, escribía de él: “es uno de los mejores arquitectos que tenemos en España”.

Antonio Ramos Medina no tiene ni una calle en su ciudad, demostración de lo desgraciaitos que semos para reconocer a uno de nuestros más ilustres maestros.

Modificado por última vez en Sábado, 12 Noviembre 2016
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