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OPINIÓN / EDITORIAL
Domingo, 13 Abril 2014

La cara social de la Iglesia

Los malagueños volverán a salir al encuentro de sus devociones. Como cada año, las cofradías se fundirán con el pueblo en el mejor ejemplo de catequesis pública. Llega el Domingo de Ramos tras toda una caza de brujas vivida durante la Cuaresma. Varias cofrades se quedarán sin poder sacar a sus titulares, sin que nadie diga nada. Un hermano mayor ha tenido que dejar el cargo por presiones episcopales, por el hecho de fracasar en su matrimonio. Hay otros tantos advertidos y podría haber movimientos llegada la Pascua. El colectivo de homosexuales ha sido vilipendiado gratuitamente en varias ocasiones por la alta curia malagueña. Un joven de 23 años fue 'ajusticiado' a la vista de todos como medida ejemplarizante. Son públicos los flirteos políticos existentes en San Julián. Y así llega esta jornada de Palmas, tras una Cuaresma turbia donde la preparación a la Pascua quedó en un lugar muy discreto.

Pero la ciudad volverá a demostrar que está por encima de sus cofrades, de sus cofradías y –por supuesto– de las cosas de Palacio. Mientras corría la tinta narrando sucesos de tintes políticos, con la bandera de la Fe como excusa de la 'Santa Cruzada', en una calle cualquiera de la Trinidad dos devotas se citaban para el Lunes Santo. Su devoción está por encima de las directrices que Jesús Catalá es capaz de marcar en un centro escolar ante un auditorio lleno de adolescentes.

La Iglesia va tomar las calles de Málaga para conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Porque los cofrades son tan Iglesia como aquellos que interpretan la Ley de Dios sin contar con el prójimo. Sentados en un despacho. Quienes vacían los templos. Ahí está uno de los problemas de parte de la alta curia española. Dentro de la propia Iglesia, cada vez encuentran más voces disonantes; y los aires que llegan desde Roma parecen alimentar un espíritu renovador. Por momentos, evidencian sentirse acorralados y ésta podría ser la lectura de los últimos golpes en la mesa dados en Málaga. Tras la 'jubilación' de Antonio María Rouco, sus delfines no seguirán escalando.

Si quitamos todas las capas de cualquier complejo tratado teológico, queda Jesucristo. "Ámense unos a otros, como yo los amo a ustedes. No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si cumplen lo que les mando... Y yo les mando esto: que se amen los unos a los otro" (Jn 15,12-14.17). Las cofradías tomarán las calles desde este Domingo de Ramos para llevar a cada rincón de Málaga un mensaje de amor fraterno. Son la cara social de la Iglesia, la que es capaz de llegar realmente al pueblo. Toca salir y dar testimonio de aquel que "amó hasta el extremo" (Jn 13,1).

Publicado en Opinión / Editorial
Viernes, 21 Marzo 2014

Puentear los derechos

Con un debate ya superado, constatable en la absoluta normalidad con que un buen número de cofradías aglutinan en sus varales a hermanos y hermanas, llega la anacrónica decisión de la archicofradía de la Esperanza de vetar la presencia de dos de éstas en la lista de espera para portar la imagen del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso en su trono. Dos tercios de la junta de gobierno de la Esperanza asistentes a la sesión se opusieron a dicha petición.

Desde diversos sectores, y desde la propia Archicofradía públicamente, se han felicitado de la decisión, más allá de su resultado, por tratarse de un "triunfo de la democracia". Pero hay piezas que no encajan.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 2, reza: "Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición".

Casi en idénticos términos se expresa la Constitución Española, a la que nos debemos, por encima de todo, cofrades y no cofrades, creyentes y no creyentes, y que refleja en su artículo 14: "Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Se tratan de ideas no sólo para cumplir, sino para asumir en el ideario humano.

Pero, si las cofradías son y se deben a la Iglesia, resulta conveniente traer aquí un fragmento de la exhortación apostólica del papa Francisco 'Evangelii Gadium'. En el capítulo segundo titulado "En la crisis del compromiso comunitario", y planteando otros desafíos eclesiales (sic), el Obispo de Roma trata el papel de los laicos, y entre ellos, de la mujer en la Iglesia. Traemos cuatro fragmentos correspondientes a los epígrafes 103 y 104:

"Reconozco con gusto cómo muchas mujeres comparten responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes, contribuyen al acompañamiento de personas, de familias o de grupos, y brindan nuevos aportes a la reflexión teológica. Pero todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia".

"Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente".

"La gran dignidad viene del bautismo, que es accesible a todos. La configuración del sacerdote con Cristo-Cabeza (es decir, como fuente capital de la gracia) no implica una exaltación que lo coloque por encima del resto. En la Iglesia, las funciones no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros".

"Una mujer, María, es más importante que los obispos".

En este contexto actual del Mundo y la Iglesia, resulta tan extemporáneo como difícilmente argumentable que una junta de gobierno restrinja a la mitad de sus hermanos el acceso a un determinado puesto de la procesión -ni mejor ni peor, ni más sacrificado ni menos -, puenteando una indiscutida igualdad entre hermanos y hermanas a la hora de los derechos y obligaciones que sus estatutos rigen.

Quizá el error radique en anteponer lo que se desearía prohibir por delante de lo que no se puede prohibir, y plasmarlo en un voto para erigir una opinión que afecta a personas, no a cosas, como postura institucional. Puede que haya a quienes no le gusten los hombres de trono con ojos azules, o con bigotes, pero no es de recibo llevar tan caprichoso criterio a una institución para lograr prohibirles su acceso.

Quizá el error, también, sea tomar una decisión que atañe a miles de hermanas de la Esperanza mediante una votación como quien decide qué túnica llevará el Nazareno. Y es que hay cuestiones raciales, sociales y de género que son innegociables, y no están sujetas a ninguna democracia de andar por casa consistente en que iguales decidan sobre iguales.

Publicado en Opinión / Editorial
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