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Viernes, 25 Mayo 2018 | Actualizado 24/05/18

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OPINIÓN / BLOGOSFERA
Martes, 27 Marzo 2018

Edades doradas

La fundación de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga en 1921 supuso un hito que dio pie a la primera edad dorada de las cofradías malagueñas. Era el final de una evolución iniciada años atrás, concretamente en torno a 1914, producto de una serie de inquietudes manifestadas ya desde la segunda mitad del siglo XIX. Proceso de cambio en la concepción de las manifestaciones de culto externo que vivieron nuestras cofradías, pero el cambio de aquellos años ¿lo vivimos solo en Málaga? Sin temor a desintegrarnos, miremos un poquito a nuestros vecinos, a otras ciudades andaluzas para comprobarlo. No estamos aislados, ni siquiera entonces.

 

Inquietudes y finales del siglo XIX

Vayamos al inicio. El Avisador Malagueño de 23 de marzo de 1856 publicaba el sentir de la burguesía y los pequeños comerciantes sobre la posibilidades turísticas de las procesiones, cuyo número y calidad debía crecer para poder competir con Sevilla: “indudablemente debe haber un interés por fomentarlas; pues sin que sea una paradoja, pueden decirse que contribuyen en gran manera al movimiento del comercio, del tráfico, y de las artes y oficios. La Semana Santa en Sevilla sabido es la inmensa concurrencia que atrae allí de forasteros, y los muchos productos que está concurrencia deja.”

En años posteriores son constantes las alusiones en la prensa malagueña a Sevilla y su Semana Santa, así como a los muchos forasteros que allí acudían gracias a la nueva línea de ferrocarril: “Son muchas las personas de Málaga que se proponen visitar a Sevilla durante los próximos días de Semana Santa y feria, utilizando la nueva vía férrea que economiza, como es sabido, algunas horas en el trayecto comprendido entre ambas capitales. Aquí no tienen aquellas solemnidades religiosas la importancia que en la ciudad del Guadalquivir, pero aunque en otras proporciones, creemos que han de ser bastantes las familias que vayan a Alhaurín y Antequera, puntos donde los pasos y las procesiones llaman con fundamento la atención.” (El Avisador Malagueño, 14/04/1878).

 

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El Avisador Malagueño, 24 de marzo de 1888

 

Al inicio de la última década del siglo XIX, en Málaga nos encontrábamos en el momento álgido de un nuevo resurgir del procesionismo, esta vez producido tras el parón del sexenio revolucionario en el que solo procesionó la Soledad de Santo Domingo y no siempre. En 1893 llegaron a salir trece cofradías, con la nueva calle Marqués de Larios como protagonista en sus recorridos. Se fundaron nuevas hermandades, como el Sepulcro, Gran Poder de la iglesia de Santiago o la Columna en el Carmen, además de revitalizaciones y fusiones. Todo ello, a pesar de la crisis económica, la cual finalmente ganaría la partida a las cofradías malagueñas.

Crisis que no solo se dejaba sentir aquí: “Algunas de las personas que procedentes de Málaga fueron a Sevilla para pasar allí la Semana Santa, escriben que han encontrado menos animación que otros años, pues se han retraído la mayoría de los forasteros, en términos de que de los pueblos inmediatos han dejado de ir este año numerosas personas. Granada, Cádiz y Córdoba, que enviaban numeroso contingente, también han mandado menor número, debido sin duda a la crisis económica porque vienen atravesando las principales poblaciones de Andalucía”. (La Unión Mercantil, 6 de abril de 1890).

Esta crisis económica se manifestó con especial virulencia en Málaga, arrastrada desde años atrás a causa de la filoxera y el cierre de la otrora próspera industria siderúrgica y textil, lo que provocó paro, marginalidad y mendicidad. En 1894 se intenta poner coto con el intento de creación de la Junta de Procesiones. Entidad promovida por el alcalde Francisco Prieto Mera y por el obispo Marcelo Spínola y Maestre, que pretendía, entre otros aspectos, que todas las procesiones de un mismo día partieran juntas desde la Catedral. El intento fracasó por la falta de financiación pública. La Junta de Procesiones quería donativos por cofradía y el alcalde se negó rotundamente diciendo que, o se organizaban las fiestas religiosas por una junta que respondiese de su gestión y de los gastos, o no aportaba el dinero. Las hermandades no querían ceder su autonomía a un organismo de coordinación superior.

 

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Santo Cristo de la Humildad. Ecce Homo (Málaga) [Foto: Arguval]

 

Intento de unión cofrade para la obtención de financiación que sí fructificó en la ciudad de Cádiz, aunque no tuvo regularidad. En 1890 se produjo la unión constitutiva de los mayordomos y priostes en una junta administrativa, con la función de recaudar fondos y conseguir el realce de las cofradías de la ciudad. Esta primera unión derivaría en 1892, gracias al entonces presidente de la Diputación Provincial Cayetano del Toro, en la creación de la Junta Administrativa de Procesiones. Esta entidad abonaba los gastos de las salidas procesionales, velando por la ostentosidad de las mismas. Se consiguió con ello frenar la etapa de postración que estaban viviendo, salvo la cofradía del Nazareno de Santa María, las cofradías gaditanas. En 1892 hicieron su salida procesional un total de siete cofradías, con numerosos estrenos como el de la Cofradía del Nazareno de un nuevo paso de templete para su Dolorosa o el comenzar a utilizar en los pasos la luz eléctrica. En 1894 se produjo la importante fundación de la Cofradía de la Buena Muerte.

 

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Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo (Cádiz) [Foto: Cadizpedia]

 

Financiación y apoyo institucional que tampoco le faltaba a las hermandades de Sevilla, ya desde décadas atrás. Incluso, en 1860 se había promulgado un reglamento municipal donde el Ayuntamiento se comprometía a proporcionar fondos a las cofradías que no contasen con los medios suficientes para realizar la estación de penitencia. Desde mediados del siglo XIX, el Ayuntamiento entendió que con ello se atraían visitantes a la ciudad con el atractivo de sus renombradas procesiones, no poniéndose en duda el aspecto comercial de las procesiones.  En Málaga, hasta el último decenio de esa misma centuria no se puede afirmar la existencia de subvenciones a las cofradías, siendo además de escasa cuantía, otorgadas por el Alcalde con cargo al capítulo de imprevistos. Situación que se mantuvo hasta prácticamente 1921.

 

Llega el siglo XX

Tras el intento fallido de la Junta de Procesiones, el tránsito de los siglos XIX a XX para las cofradías malagueñas fue desolador, pudiendo con ellas la pertinaz crisis económica y la situación política. Entre 1898 y 1910 raramente procesionan más de tres cofradías, siendo tenaces en ello El Rico y el Sepulcro. Durante las primeras décadas del siglo XX se mantiene como norma atender todas las peticiones de ayuda económica que se recibían, quedando siempre la cuantía de la misma a arbitrio del Alcalde. No mejoró la situación al verse este apoyo económico municipal alterado, incluso interrumpido, desde 1910 a 1914 como consecuencia de la fuerte presencia republicano-socialista entre los ediles.

La situación no era mucho mejor en Granada, donde desde 1901 estuvieron prohibidas las procesiones seis años, por lo que hay que esperar hasta 1907 para ver de nuevo una procesión en la calle, concretamente, con una Dolorosa del convento de San Antón y la imagen de San Juan, haciendo estación en la Catedral. Al año siguiente vuelve el Santo Entierro y en 1909 comienza el llamado Santo Entierro Antológico, cuando siete pasos se pusieron en la calle en un cortejo de perfiles castellanos.

 

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La Unión Ilustrada de Málaga, 23 de abril de 1911

 

Desfile oficial del Viernes Santo que también se realizaba en Córdoba ya en la centuria anterior, manteniendo la procesión oficial del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo el mismo esquema y continuando la corporación municipal encargándose de su organización. Estaba conformada inicialmente por cinco pasos (1901 a 1907), sumándose cuatro más entre 1908 y 1913.

Las cofradías que tienen actividad en los albores del siglo XX son las de Jesús Caído, la de Nuestra Señora de los Dolores y la de Nuestra Señora de las Angustias. A ellas añadir la de Cristo de Gracia y la del Santo Cristo de las Ánimas, reorganizadas en 1905 y 1908 repectivamente, y la del Santo Sepulcro, que acompaña al paso titular en la procesión oficial de 1910. Aunque todas ellas tenían actividad, es la de Jesús Caído la única capaz de procesionar a su titular al margen del desfile oficial referido, haciéndolo el Jueves Santo y constituyendo uno de los grandes acontecimientos de la Semana Santa cordobesa durante las dos primeras décadas del siglo pasado. Sin olvidar la procesión del Resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección con las imágenes de Nuestro Señor Resucitado y Nuestra Señora de la Luz recorriendo las calles del barrio de Santa Marina.

El dinamismo de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores contribuye de manera decisiva a la potenciación de la Semana Santa cordobesa, sobre todo a partir de 1910. La revitalización de esta hermandad tiene un fiel exponente en el acuerdo tomado en junta general extraordinaria de salir el Viernes Santo de 1914 con túnicas propias en la procesión del Santo Entierro.

 

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Ntra. Sra. de los Dolores (Córdoba) [La Unión Ilustrada de Málaga, 16 de abril de 1911]

 

La llegada del siglo XX tiene lugar en Sevilla bajo el pontificado de uno de sus pastores más significados, el cardenal Spínola, quien logró que las estaciones de penitencia se realizaran dignamente sobre todo al regreso, como hizo con la Hermandad de la Macarena. Además, se producen fundaciones como las de San Roque (1901) y Santa Cruz (1904). A partir de ese momento no habrá fundaciones de hermandades en Sevilla hasta 1919. En 1909 el Ayuntamiento de Sevilla declina otorgar la subvención a las cofradías como venía haciendo tradicionalmente, lo que supuso un contratiempo. A pesar de ello, en 1900 realizaban estación de penitencia veintiocho cofradías de las treinta y nueve existentes; pasando en 1912 a treinta y seis de las cuarenta y una con actividad.

En Cádiz, una vez desaparecida la intermitente Junta de Procesiones, la Semana Santa vuelve a decaer al llegar el siglo XX. Nuevas cofradías se reorganizaron y procesionaron a sus titulares, como la de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos o la del Santísimo Cristo de la Piedad, conformando un total de cinco cofradías las que procesionaron, por ejemplo, en 1905. Sólo las Cofradías del Nazareno de San Agustín y de la Buena Muerte compitieron en suntuosidad con las demás cofradías andaluzas. Se concluye por la historiografía local que la desidia de los cofrades en particular, y de los gaditanos en general, marcaron la tónica de estos primeros años de la pasada centuria.

Gracias, una vez más, a Cayetano del Toro, la Junta de Procesiones volvió en 1906 y organizó la procesión del Santo Entierro Magno el Viernes Santo, abriendo y cerrando el cortejo la Hermandad del Santo Entierro, agregándose a la misma los pasos de las distintas hermandades, llegando a un total de once. El Nazareno y la Buena Muerte también habían procesionado el Jueves Santo.

 

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Ntro. Padre Jesús Nazareno (Cádiz) [Foto:gentedepaz1940.blogspot.com]

 

Los esfuerzos de la Junta de Procesiones no se vieron recompensados en 1911 y por circunstancias económicas hubo que suprimir la Procesión Magna, siendo escasas las hermandades que al año siguiente mantenían actividad alguna. De las escasas hermandades que sobrevivieron a estos tiempos difíciles, una fue el Nazareno de Santa María, que gracias a sus benefactores seguía ampliando su rico patrimonio. Además del Nazareno, solo se tiene constancia de la salida procesional del Santo Entierro desde San Agustín.

En Granada sí se seguía organizando la procesión del Santo Entierro, aunque aquella procesión única ya sabía a poco. Nuevas propuestas cofrades se presentaban teniendo como escenario, no era la primera vez, el barrio del Albaicín; como en 1913 la procesión de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, que partió desde el convento de Santa Isabel la Real, o en 1917 la de Jesús, a lomos de un pollino, o el Vía Crucis de Jesús Nazareno (Hermandad del Santo Vía Crucis).

En Málaga, la situación al llegar el año 1913 comenzaba a ser muy distinta, iniciándose una nueva recuperación del procesionismo, proceso que llegaría hasta la propia década de los veinte. Una nueva generación se puso al mando de las debilitadas cofradías decimonónicas, propiciando el renacer de antiguas cofradías o el fortalecimiento de las mismas a través de uniones. Ello se manifestó en el aumento del número de cofradías que salieron, seis en 1913, cuando el año anterior solo lo habían hecho la Pollinica y El Rico. También, desde 1915 las diversas cofradías acometieron la reestructuración y agrandamiento de sus tronos antiguos o construcción de otros nuevos, labor realizada por tallistas locales: Andrés Rodríguez Zapata, Antonio Barrabino, Antonio Prini, José Benítez Oliver, Francisco Palma García o los talleres Casasola. El propio cortejo procesional estaba sufriendo cambios, aunque mantenía aspectos de la época isabelina. Las elecciones de noviembre de 1915 y noviembre de 1917, con el hundimiento de la conjunción republicano socialista, hizo el resto.

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La Unión Ilustrada de Málaga, 23 de marzo de 1913

 

La vieja idea de impulsar y utilizar como reclamo turístico el fenómeno procesionista en Málaga, además de coordinar los esfuerzos de todas las cofradías ante problemas y desafíos comunes, se intensificó entre los años 1916 y 1920. Ya en vísperas de la Semana Santa de 1916 se editó un modesto folleto informativo sobre las procesiones de aquel año que contenía, de nuevo, el conocido argumento de importancia de la Semana Santa como reclamo turístico: “En muy pocos años, debido, sin duda al entusiasmo de las Hermandades que han logrado revestir sus cofradías de un esplendor solo comparable al que fama diera a las procesiones sevillanas, la Semana Santa de Málaga ha adquirido gran importancia hasta el extremo de que, en el año que cursa desde el Miércoles Santo al Viernes Santo no faltarán cofradías que….Málaga, pues está de enhorabuena, y siguiendo el entusiasmo, y sintiéndonos todos malagueños, llegará a conseguir con sus fiestas invernales, su Semana Santa, su clima y sus bellezas, ser la capital que mayores atractivos ofrezca al turismo.

En marzo de 1916, al informar El Regional sobre el nuevo trono de Barrabino para la Cofradía de la Puente, consideraba que este tipo de mejoras era “un sumando más para conseguir que Málaga adquiera, si no la fama de Sevilla, cuyas fiestas religiosas son ya tradicionales, por lo menos el nombre de otras que, como Murcia, consiguen atraer buen número de forasteros, único medio de engrandecimiento”.

Apreciable revitalización que también se vivió en la ciudad de Córdoba desde 1917 y se consolidaría en la década de los veinte. La gran impulsora fue la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores al recuperar la tradicional procesión del Domingo de Ramos en marzo de aquel año, haciendo estación de penitencia con la imagen titular al margen del desfile oficial. Entre 1917 y 1919 las cofradías cordobesas dan muestras de vitalidad, como la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, con el éxito conseguido al recaudar fondos para el manto de la titular; el nuevo reglamento de la Cofradía del Cristo de Gracia; la reorganización de las cofradías de Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto y de Jesús en el Calvario, y la fundación de la Cofradía del Cristo de la Expiración. Esta revitalización se pone de manifiesto en la procesión del Santo Entierro de 1919, cuando participaron los penitentes con sus túnicas propias de las distintas cofradías.

Años en los que el Santo Entierro Antológico de Granada tocaba fondo. En 1919 solo se pusieron en la calle seis pasos, siete en 1920 y 1921, pero en 1922 ni siquiera se organizó la procesión.

 

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Santo Entierro Antológico. Virgen de las Angustias de la
 iglesia de San Andrés (Granada) (c.1915) [Foto: borriquilla.es]

 

Mientras, en Sevilla se pone fin a una larga etapa de ausencia de fundaciones, con la Hermandad del Dulce Nombre en 1919. Poco a poco se incrementaba el número de procesiones en Cádiz, recuperándose desfiles procesionales como el de Humildad y Paciencia el Miércoles Santo de 1919. El Nazareno seguía manteniendo su pujanza gracias a la populosa devoción de los gaditanos; al igual que el Santo Entierro, gracias al patrocinio del Ayuntamiento. Sin embargo, la Cofradía de la Buena Muerte se encontraba sumergida en una importante crisis interna.

En nuestra ciudad, Joaquín Díaz Serrano publicaba en La Unión Mercantil del 10 de marzo de 1920 el relevante y premonitorio artículo titulado: “Lo que es y lo que debe ser nuestra Semana Santa”. En el mismo, tras analizar el pasado reciente de las cofradías malagueñas dedicadas mayoritariamente a las atenciones sociales y espirituales que suponían las visitas a los enfermos, llevar el Viático a los moribundos o los enterramientos, constata la realidad malagueña de 1920: “Málaga cuenta con un corto número de cofradías que procesionan a sus efigies si se les compara con otras ciudades españolas, y principalmente con Sevilla. La Semana Santa en ellas no es solo celebrada por propios y extraños, ateniéndose a la originalidad y al sello artístico que infunden a sus Pasos, sino al número tan considerable de hermandades que, en noble pugna, rivalizan por desfilar ante la absorta muchedumbre con el mayor lucimiento. Este año tienen anunciada su salida en nuestra capital diez cofradías, a cual más brillante y hermosa, pero es que no debemos limitarnos a acrecentar el lujo de las que hoy salen, sino a laborar porque en años venideros el número de procesiones se duplique. Una semana Santa repleta de procesiones es una fuente de riqueza…Nuestro ayuntamiento contribuirá al logro de estos fines levantando en los sitios céntricos y amplios unas tribunas…y con el importe de sus alquileres subvencionaría a las hermandades que seguramente saldrían mejor paradas que con lo que se le entrega en la actualidad…

Llegaban las edades doradas.


(Continuará)

Publicado en Semana Santa del ayer

La junta de gobierno de la Agrupación de Cofradías acordó para anunciar la Semana Santa del año 1952, como homenaje al artista malagueño fallecido Manuel Fernández bajo pseudónimo de Aristo-Téllez, reproducir el cartel que pintara para el año 1925 y que también había sido empleado para el año 1940 (cartel recurrente obviado). Sin embargo, no volvió a editarse. La comisión de propaganda de la Agrupación acordaría que, "en vez de editarlo con un motivo pictórico como se proyectaba en un principio, se efectuara una composición fotográfica a base de cuatro o cinco de la mejores y más artísticas imágenes y motivos procesionales para reproducir en huecograbado sistema offset-colores, dando con ello una nueva forma, más atractiva".

Era la primera vez que la fotografía iba a ser protagonista del cartel oficial de la Semana Santa. Anteriormente, ya se había realizado un cartel no oficial en 1935 con una composición fotográfica de Juan Arenas Cansino, editada por la imprenta de la revista ilustrada Vida Gráfica de la que Arenas era propietario, y que fue publicada en la revista La Saeta de aquel año como desplegable. Precisamente, en ese año de 1935 se había elegido como cartel oficial una pintura del malagueño Manuel Fernández.

Surgía el problema, que no había aparecido hasta el momento, de seleccionar las fotografías que debían protagonizar el cartel, ya que esta criba podía generar recelos en las cofradías no elegidas. La solución aséptica adoptada consistió en enviar todas las fotografías reunidas por estudio fotográfico Foto Arenas a la casa Heraclio Fournier de Vitoria, encargada de editar el cartel, para que ellos las escogieran.

  

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El cambio fue un éxito, siendo elogiada esta atrevida innovación por la prensa de la época. Por ello, se decidió repetir la fórmula para el año siguiente, ampliando de siete a once el número de fotografías que lo compondrían. Evidentemente, las fotografías elegidas serían distintas y la elección esta vez sí correría a cargo de la comisión de propaganda de la Agrupación, una vez superados los temores iniciales.

A pesar de que funcionaba, la presión de los círculos artísticos de la ciudad provocó que desde 1954 se volviera al cartel tradicional, convocándose un nuevo concurso entre cartelistas malagueños en el que resultó ganador el presentado por Eduardo Casares Goñi y José María Soria Martínez, autores del último cartel editado antes de la breve aventura fotográfica.

El vicario general del Obispado, Francisco Carrillo, manifestó en 1962 la conveniencia de que el cartel fuera reproducido en huecograbado a un color, con reproducción de una sola imagen y la inscripción correspondiente. Coincidía con la percepción que tenía la Agrupación de la situación, ya que se había llegado al punto de recuperar carteles anteriores para 1960 y 1962 tras diversas obras que no fueron del agrado de los cofrades. La idea de volver a la fotografía- cartel se hizo realidad al anunciar la Semana Santa de 1963, eligiéndose la imagen del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso. La fotografía pertenecía a Foto Arenas, estudio en el que su fundador Juan Arenas ya se encontraba jubilado, quedando a cargo del negocio su sobrino y compañero José Romero Arenas. Nuevamente, el cartel fue editado por la casa Heraclio Fournier de Vitoria, recurriéndose a la técnica de reproducción gráfica del huecograbado.

 

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La fotografía seguiría siendo la protagonista del cartel oficial en los tres años siguientes, con imágenes del fotógrafo de Foto-Hall Andrés López Roldán (1964 y 1966) y del aficionado Manuel del Río (1965). Así, para el cartel de 1964 se optó por una composición fotográfica que recordaba a las composiciones pictóricas de décadas anteriores, realizada por la propia casa Fournier. La fotografía de María Santísima del Amparo por la Alameda, premiada en el concurso fotográfico del año anterior, gozó de gran aceptación; al igual que la magnífica fotografía del Santísimo Cristo de la Expiración el Jueves Santo de 1956, ganadora del I Salón de Arte Fotográfico organizado por la Agrupación de Cofradías.

 

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Tras el corto paréntesis de un año, se vuelve a la fotografía en 1968, por primera vez a color, escogiéndose de nuevo una de Foto Arenas por ser la única que reunía las condiciones necesarias, según afirmaba el presidente de la Agrupación. Figuraba en ella el Cristo Mutilado pasando frente a la portada gótica del Sagrario, imagen tomada desde el interior del hospital de Santo Tomás cuando ello era posible.

La primera fotografía como cartel oficial de la década de los setenta fue por segunda vez obra de Manuel del Río (1971), concretamente, un primer plano a color de María Santísima de la Esperanza. En esa década, hay que esperar hasta 1976 para que se vuelva a optar por una fotografía, opción concebida como rápida solución por la escasez de fondos. El cartel de ese año vuelve a estar protagonizado por el Cristo Mutilado, junto a la torre de la Catedral, en una escena captada por Ricardo Ballesteros. Se inicia un periodo de seis años en el que el triunfo de la fotografía en color sobre el cartel de estilo pictórico es manifiesto, solo comparable al producido en la segunda mitad de la década de los ochenta.

 

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El fallecimiento de José Romero Arenas en 1975 motivó la elección de la fotografía del cartel para 1977, "como homenaje a Foto Arenas y a la memoria del que fue gran amigo de la Agrupación... en reconocimiento a la labor de sus muchos años de colaboración"; se eligió para ello una imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas con un llamativo fondo de color rojizo.

Del mismo estudio fotográfico serían las fotografías elegidas los dos años siguientes. Momento histórico el que se captaba en el cartel de 1978, correspondiente al Lunes Santo del año anterior, cuando la imagen de Jesús de la Pasión de Ortega Bru discurría por primera vez bajo las naves catedralicias. El fallecimiento de uno de los fundadores de la Agrupación, el pollinico Francisco Triviño Salmerón, justificó que protagonizara el cartel de 1979 la imagen de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén.

 

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El Santísimo Cristo de la Agonía captado por Ricardo Ballesteros desde el interior de la iglesia de San Julián, tras realizar su salida, centra el cartel del año 1980; el año siguiente, una fotografía del trono de María Santísima del Rocío realizada por Julio Bravo, fotografía con problemas técnicos en el resultado final del cartel al quedar la imagen del trono demasiado pequeña.

 

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Al final de esta larga etapa, la sensación era que la fotografía ya había cumplido su objetivo como cartel oficial, perdiendo originalidad y llegando en cierto modo a saturar como en otros momentos sucedió, y puede suceder, con el cartel pictórico. Expone perfectamente la situación que se vivía en aquel momento Francisco Javier Fontalva, en el segundo número de la publicación Boletín de Arte, al señalar: "esa fácil asimilación que debe presidir la comunicación cartel-espectador no es incompatible con la fantasía, la imaginación y creatividad...Vaya esto en defensa de la libertad de acción y en contra de los falsos academicismos o gustos oficiales impuestos por los señores jurados de los concursos de antaño o por los señores jurados de los no concursos de ahora; vaya esto en contra del estereotipo de la 'mujer de mantilla' de antes o el mal uso de la foto-cartel de ahora..." La exposición El Cartel de la Semana Santa malagueña en el museo diocesano de arte sacro en los meses de marzo a abril de 1981 contribuyó a la vuelta a la pintura durante cinco años.

El concurso pictórico de 1986 fue un rotundo fracaso y quedó desierto, teniendo que recurrirse como antaño al segundo premio del concurso del año anterior, aunque con ello se rindiera un merecido homenaje a su autor Antonio Sánchez Barrera. La vuelta a la fotografía en el año 1987 no estuvo exenta de polémica. El presidente Francisco Toledo, para evitar los problemas del año anterior, decide proponer directamente a la junta de gobierno de la Agrupación una pintura realizada por el pintor Eugenio Chicano. Esta obra, protagonizada por el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, había sido realizada durante la estancia del artista en la ciudad italiana de Verona. Se abrió un tenso debate en el seno agrupacional, ya que muchos hermanos mayores la rechazaban por ser de un estilo “demasiado moderno”. Finalmente, se optó por rechazar la obra de Chicano, decidiéndose convocar un concurso de fotografías. Se presentaron 48 fotografías y 136 diapositivas, resultando ganadora una fotografía de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, obra de Juan Manuel Bermúdez Recio. A pesar de ello, el cartel de Chicano sería editado de manera oficiosa por un grupo de cofrades.

 

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La apuesta por la fotografía se consolidó al año siguiente, al igual que la polémica. Se presentaron 93 fotografías y 91 diapositivas. El jurado, compuesto por hermanos mayores y por algunos profesionales de la fotografía, no se puso muy de acuerdo a la hora de elegir al ganador. Parece ser que durante la selección de fotografías, que se realizó en los salones de la propia Agrupación, se eligieron en principio fotografías en color de la Humillación, Exaltación y Cautivo. Entre estas tres estaba la ganadora, pero en una nueva preselección fue incluida una fotografía de la imagen de María Santísima de Consolación y Lágrimas por la Alameda, realizada por Juan Manuel Bermúdez Recio. Esta última resultó ganadora y la polémica estaba servida.

El hermano mayor adjunto de la cofradía del Cautivo, José Roselló, mostró su enfado ante los medios, manifestando que se convocaba un concurso "para buscar la foto que mejor dé en la imprenta y no la más artística u original". Igualmente, cuestionó la presencia en el jurado de profesionales de la fotografía porque sus opiniones no se tuvieron en cuenta. Por su parte, el hermano mayor de la hermandad de la Estrella, José García Ojeda, señaló que él estaba confiado en que iba a salir la de Nuestro Padre Jesús de la Humillación "porque todos me felicitaban…¡Enhorabuena, Pepe! , esta es la que va a ganar, pues me lo creí". Declaró el presidente de la Agrupación, Francisco Toledo, que se descartaron las otras dos fotografías por carecer de calidad a la hora de imprimir y, además, que: "Todos pensamos que sería conveniente elegir la imagen de una Virgen por encontrarnos en el Año Mariano".

 

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Más pacífica fue la elección de la fotografía para el cartel de 1989, rindiéndose un homenaje póstumo al fotógrafo malagueño Rafael Melero al elegir una histórica fotografía del Santísimo Cristo de la Redención en su primera salida procesional el Viernes Santo del año anterior. El concurso del año 1990 fue el más concurrido (98 fotografías y 249 diapositivas), resultando ganador nuevamente Juan Manuel Bermúdez Recio con una fotografía del Santísimo Cristo de la Exaltación por calle Calderón de la Barca.

Los problemas de los últimos años provocaron no volver a las fotografías, ni a los concursos, para elegir el cartel oficial de la Semana Santa de Málaga, optándose por el encargo directo de un lienzo a un autor, como ya se barajó en 1987. Se buscaba así incrementar el patrimonio pictórico de la propia Agrupación con artistas de renombre. Lo que no se conseguiría evitar sería la polémica en torno al cartel oficial, ni siquiera en relación a un hipotético retorno a la fotografía casi tres décadas después.

Publicado en Semana Santa del ayer
Sábado, 05 Marzo 2016

La sección de Bruna

José Carlos Bruna Santiesteban (1840-1927) fue un polifacético personaje nacido en Cádiz, educado en Italia (su padre era genovés) y establecido en Málaga. Escritor, poeta, dramaturgo, cronista, profesor de idiomas y vicecónsul de Italia en nuestra ciudad. Estuvo muy integrado en la vida local malagueña, participando en numerosos eventos, entre ellos el carnaval, instaurando La asociación (Sociedad del Carnaval) que organizó la fiesta en 1887.

Este liberal moderado mantuvo estrecha amistad con Salvador Rueda y Narciso Díaz de Escovar. Este último afirmaba que Bruna era muy caritativo, aunque matizaba que sus caridades las hacía secretamente, por entender que era lo verdaderamente cristiano. Caridad a la que Bruna dedicó multitud de artículos, apelando a la caridad pública o denunciando la desidia de los poderes públicos. Personaje interesante, como lo era su sección en el diario La Unión Mercantil, dejando comentarios jugosos sobre diversos temas como, en lo que aquí nos ocupa, la Semana Santa. Son muy ilustrativos.

Para cerrar su sección, la publicada el sábado 6 de abril de 1895, escribió que en la Semana Santa que estaba a punto de comenzar "rindo a los tristísimos recuerdos que se conmemoran el profundo respeto que se merecen. ¡Cuántos lo harán inducidos por los sermones, o la imposición, o el bien parecer! ¡Cuántos buscarán una distracción social en la visita a los templos y en las funciones de culto!"

 

2016 03 04 Exaltación ya en la década de los 20

Exaltación en los años 20. 

 

El Lunes Santo de 1897 hablaba sobre las procesiones, a las que no consideraba necesarias para el fervoroso sostenimiento del culto. "Sin embargo, no las combato, porque tales exhibiciones hechas con el respeto que se merecen, influyen beneficiosamente en el ánimo del pueblo, más inclinado a creer lo que le entra por los ojos que lo que le penetra por los oídos". Pero era necesario, insistía, que el respeto se imponga y que los asistentes a esos actos religiosos guarden toda la debida compostura, absteniéndose de cuanto pueda, en cualquier sentido, desvirtuarlo.

"Los penitentes, pues, deben ser hombres con hábito y no individuos cualesquiera, vestidos de máscara. Si en las procesiones van con respeto y con orden, ambas cosas se reflejarán en los espectadores. Pero si dan bromas a las mujeres que forman calle, o fuman, aunque sea a hurtadillas, o faltan, en una palabra, a ese orden y a ese respeto, mucho más beneficioso para el culto sería dejar a las imágenes en sus respectivas iglesias".

Tras la Semana Santa de 1898 realizaba, después de algunos apuntes sobre las cofradías que salieron ese año, una serie de observaciones "que es lo que nos compete, y en lo que puedo servir de complemento a las descripciones del reporterismo". Éstas las centró en los penitentes: "Yo creía, ingenuamente lo digo (...) que muchos de los "penitentes" van pagados, y esto me recuerda lo de las lloronas en los antiguos duelos de familia. Pero siquiera aquellas asalariadas mujeres cumplían, aunque automáticamente, la misión que les estaba confiada, mientras que muchos de estos hombres van a desprestigiar ese culto religioso que las cofradías proponen enaltecer".

A continuación, apuntaba a las que salieron de San Juan, diciendo que el cura exhortó desde el púlpito a los acompañantes de las que de allí salieron y estos no hicieron mucho caso por lo que después se vio en la calle. "Pues bien, para sacar al público efigies con el carácter de exhibición carnavalesca, vale más dejarlas en sus respectivos templos, ahorrándose a un tiempo mismo el dinero de los hermanos y la reprobación de las personas sensatas".

Vio en calle Nueva a un "señor bastonero" mandar enérgicamente a muchos "nazarenos" que se echasen abajo los velillos, "y hacían aquellos falsos penitentes como las máscaras cuando los municipales les hacían levantar la careta. Solamente que en sentido inverso, ya que los de la procesión se descubrían apenas perdían de vista al bastonero". Concluyó su artículo señalando que la cofradía que carezca de hermanos para sacar en procesión la imagen que venera, debe dejarla donde se halla todo el año, antes que exponerla a escarnio en vez de a veneración.

En cuanto al público que veía las procesiones, decía: "Respeto la libertad de conciencia hasta el punto de no censurar lo más mínimo al individuo que al ver pasar una imagen se queda con el sombrero puesto. Júzgolo una falta de cortesía, y nada más".

La agresión sufrida en su propia casa en 1901, por un neocatólico, estuvo a punto de costarle la vida, ya que llegó a ser apuntado con un arma cuando yacía en el suelo. El mismo Bruna afirmó en uno de sus artículos: "porque ni sabio soy, según parece, ni se ha hecho para mí el descanso, ni las escondidas sendas han sido de mi gusto".

En 1903 señalaba que el Domingo de Ramos nos recordaba a los mortales cuan fácilmente las exaltaciones populares lo mismo elevan que menosprecian, cuando el entusiasmo y no la razón guía sus pasos. "Procuremos no parecernos a ellas, y seguir las verdaderas máximas del Redentor, con laudable constancia, pero sin caer jamás en el fanatismo".

Publicado en Semana Santa del ayer
Domingo, 12 Octubre 2014

Repercusión nacional

La preocupación por promocionar nuestra Semana Santa, en especial en la capital de España, ha sido una constante desde la fundación de la Agrupación de Cofradías allá por 1921. Hasta ese momento, las cofradías no estaban integradas plenamente en el movimiento que había surgido en la segunda mitad del siglo XIX para promocionar Málaga como destino turístico de invierno. Solo se mencionaba a las cofradías de forma esporádica en alguna Guía de Málaga, como la de 1866, y refiriéndose únicamente a sus sedes.

La fundación de la Agrupación (1921) supuso un cambio radical, una organización, concibiéndose la promoción como instrumento necesario para la obtención de ingresos, esenciales para la subsistencia de las cofradías. En el desarrollo y ejecución de esa idea, facilitando información a la prensa, jugó un papel crucial Joaquín Díaz Serrano, nombrado cronista oficial.

Pero, ¿cuáles fueron esas primeras noticias que llegaron a Madrid de la Semana Santa de Málaga?

A las pocas semanas de la fundación de la Agrupación, y seguramente gracias a la aportación de determinados comerciantes publicitados, aparece en el periódico vespertino La Correspondencia de España (04/02/1921), en su tercera página, un anuncio de las procesiones de Semana Santa. Se indicaba que serían magníficas, haciéndose mención a la subvención aportada por el Ayuntamiento de Málaga, "prueba de su cariño a Málaga y de su interés por el esplendor de las fiestas". Se compartía espacio con el baile de la prensa en el Carnaval.

En el periódico madrileño El Sol (24/03/1922), de índole ilustrada y liberal, con gran relevancia, figuraba una escueta nota en la página cuatro en la que se decía: "Málaga. Se están haciendo grandes preparativos para la Semana Santa. Todas las cofradías realizan grandes reformas y se proyecta una organización perfecta, con objeto de dar el mayor lucimiento posible a la procesión. Hay cofradía que gasta cerca de 20.000 duros en la reforma de sus ornamentos." Se intentaba desde el principio transmitir dos características fundamentales: por un lado, "el orden y solemnidad extraordinarios en perfecta relación con la severidad de la fiesta"; y por otro, la brillantez, "poniéndose a la altura de las de más renombre de Andalucía" (Heraldo de Madrid , 05/04/1922).

En el año 1924 nuestra Semana Santa vive un momento álgido, al que no son ajenos los periódicos nacionales que designan corresponsales periodísticos y gráficos para cubrir las noticias.

En el diario vespertino La Voz (10//04/1924) se insistía en que la nota predominante era el orden en la marcha "que permite conservar en toda la carrera el mismo conjunto estético". En el diario ABC (12/11/1924) se dio publicidad al concurso de carteles para el año 1925, convocado por la Agrupación a nivel nacional y dotado con un premio de mil quinientas pesetas y un accésit de quinientas. Los treinta y cuatro carteles admitidos por el jurado fueron expuestos al público en el salón de exposiciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid. A la inauguración de la exposición, de la que se hicieron eco varios diarios como los citados Heraldo de Madrid o ABC, asistió Antonio Baena; le acompañaron Ricardo de Orueta, José Moreno Carbonero, Enrique Simonet y Blanco Coris, entre otros.

 

2014 10 11 prensa LaEsfera1925

 

En 1925 aumenta considerablemente la calidad de la información, ilustrada con fotografías realizadas en la Semana Santa. Ejemplo de esa calidad se encuentra en la publicación La Esfera, revista ilustrada de corte modernista que estuvo publicándose desde el año 1914 hasta 1931. Se trataba de un semanario con una calidad técnica superior a las revistas de su época, que planteaba la imagen como elemento referencial de sus contenidos. Precisamente en esta revista se publicó (03/01/1925) el resultado del concurso de carteles con fotografías de los cuatro primeros clasificados. El especial con motivo de la Semana Santa abrió con una fotografía a toda página del Cristo de Mena a su paso por la tribuna principal en 1924. Igualmente, en el semanario Nuevo Mundo (27/03/1925) se publicó una página completa ilustrada con fotografías de la Buena Muerte y la Esperanza, y del discurrir de una cofradía por Larios.

La labor propagandística en ese año fue intensa. En el diario El Sol (06/04/1925) se publicó un artículo que comenzaba así: "Málaga es una ciudad de placer". Se informaba que veintiuna cofradías procesionarían sus pasos, haciendo especial mención a la primera salida de la Sagrada Cena, "decidida a rivalizar con las más ostentosas y artísticas". Concluía diciendo que, aunque faltaban varios días para el comienzo de la Semana Santa, ya estaban reservadas en los hoteles casi todas las habitaciones de que se puede disponer. "Málaga va a ser, Dios mediante, la sucursal del Paraíso".

 

2014 10 11 prensa LaEsfera1930

 

El diario La Libertad (18/03/1925), un periódico de tono progresista y muy popular, que incluso manifestó una dura oposición a la dictadura de Primo de Rivera, recogía una columna escrita por Narciso Díaz de Escovar en la explicaba con todo lujo de detalles la organización de las procesiones, las características de las cofradías más señeras y el camino recorrido desde la fundación de la Agrupación. Por otro lado, daba cierta tranquilidad a los futuros visitantes: "El Ayuntamiento se dispone a organizar los hospedajes a fin de que no falten como ha ocurrido otros años, y a la vez cuidando de que hosteleros, fondistas, comerciantes e industriales no exploten a los forasteros". Concluía diciendo que para poder juzgar nuestra Semana Santa necesitaba ser vista.

Además de este despliegue en la prensa madrileña, se colocaron anuncios en los tranvías y luminosos en la calle de Alcalá, frente al Teatro Apolo, que decían: "Málaga, Málaga, Málaga, Málaga, el mejor clima del mundo. Málaga, suntuosas cofradías. Arte. Lujo. No deje de ver la Semana Santa en Málaga. No deje de ir a Málaga".

La presencia en las publicaciones de Madrid continuó, aunque a partir de 1929 se redujeron considerablemente los gastos en propaganda debido a las crisis económica. La presencia de Málaga en La Esfera permaneció, protagonizando la Virgen de la Esperanza una de las portadas de sus especiales con motivo de la Semana Santa, publicando un amplio reportaje firmado por Díaz de Escovar en el año 1928 y otro en 1930 sobre la Piedad de Palma. En el diario ABC (13/03/1929) se publicó un artículo firmado por Enrique Garro en el que afirmaba rotundamente: "La Semana Santa de Málaga lo reúne todo".

La Voz (07/04/1931) publicó en portada "Una Semana Santa espléndida", donde se hacía balance con cierto tono crítico por el excesivo lujo de las cofradías malagueñas, excluyendo solo a Servitas. Se decía: "Las demás no aspiran a producir esta emoción religiosa, profundamente ascética, sino a fascinar a los espectadores con las esplendideces de su desfile y la fastuosidad de sus pasos". El artículo lo firmaba Alberto Insúa, quien sería Gobernador Civil de la Málaga republicana.

Como epílogo de tanta grandiosidad, los diarios de la capital también se hicieron eco de lo sucedido poco más de un mes después, aquí y allí. En 1932 el diario El Sol (28/06) anunciaba, bajo el título de "La última procesión", una novela: Las vestiduras recamadas. Era el fin de una etapa.

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