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OPINIÓN / BLOGOSFERA

Más allá de la paleta de opiniones que surjan cuando se descubra el cartel, quiero compartir con vosotros, las preguntas que me han rondado la cabeza desde que Pablo Atencia me hizo esta propuesta: ¿Tiene sentido en esta época de grandes avances en la comunicación, y en una sociedad secularizada, un cartel de formato clásico y de temática religiosa? Yo estoy convencido que sí, y por eso estoy aquí ante este atril.

Pero, creo también, que hay que recordar que un cartel es sobre todo un mensaje visual que queremos transmitir, y que debe ser exhibido en el espacio público.

Aunque exista mucho debate, el cristiano es un ciudadano en el mundo, y la fe no es sólo para el espacio privado. Está llamado a mostrarla con respeto en los nuevos areópagos de la sociedad. No podemos arrancarnos algo tan esencial en nosotros cuando salimos a la calle. Y esto lo sabéis muy bien los cofrades.

Pero, volviendo al cartel, una de sus funciones principales es la reproducción y la difusión: - bien para vender un producto (pocos recuerdan a Ramón Casas, pero sí la imagen de un famoso anís con nombre de animal), - o para transmitir una idea (todos conocemos al Tío Sam con su sombrero de copa y su I want you), - o para convocar a un evento (los toros, por ejemplo). Pero... segunda pregunta: ¿cómo presentar un mundo emocional tan grande como el de la Semana Santa en un golpe de ojo, mientras caminamos por la calle y nos están vendiendo otros productos en apariencia más atractivos? Sabemos todos que no es fácil, y que de media, le dedicamos a su visualización unos cuatro segundos.

En el hoy de la saturación informativa, donde muchos recurren a la provación o a la agresividad visual... tercera pergunta: ¿cómo anunciar un acontecimiento de siglos de historia con un peso religioso tan grande, y donde cada año contamos lo mismo? Más allá del estilo, creo que por donde debemos transitar es por el camino de la calidad de la obra.
Un buen cartel sigue siendo un grito visual y va más allá de convocar a un evento en nuestro caso, es llevarnos al mundo de la tradición secular, del recuerdo y por supuesto de la fe. Una obra de poca calidad jamás representará tan gran tesoro, y caerá en el olvido.

Uno de los grandes conflictos de muchos artistas a los que se le encarga esta tarea es saber con qué imagen la represento y qué estilo. No es mejor o peor por el motivo pintado. Recordemos que la Semana Santa de Málaga se anunció con una cruz o con tenebrario, y son de los carteles más expresivos que tiene la Agrupación. No es necesario contarlo todo, sino buscar su mensaje simbólico. No olvidemos que el ámbito religioso, es el territorio primero del símbolo. Tampoco es mejor por el estilo. Aunque, personalmente, añoro esos carteles que le hacían guiños a las vanguardias, aunque no representaran a ningún titular.

Además el cartel no debe ser un cuadro al que le añadimos un texto. Tiene que existir una relación entre el mensaje visual y el literario. Porque el objetivo último del cartel no es hacer arte. Aunque desde hace mucho tiempo es una disciplina artística (nadie duda de Toulouse-Lautrec y su famoso Moulin Rouge).

En mi opinión, el cartel de Semana Santa debe ser como un imán que atrae nuestra atención en la calle, un despertador que nos recuerda que ha llegado la hora, que está aquí la Cuaresma y que volvemos a celebrar el Misterio Pascual. Porque lo importante es que sea un medio atractivo, no un fin en sí mismo, que represente lo que anuncia y que tenga una gran difusión (en el formato que sea).

 

Breve trayectoria José María Ruiz Montes

Buenas noches José María. Voy contigo.

Corrían los finales de la década de los 90, cuando después de más 15 años haciendo parroquia en un bajo comercial, se decide construir un nuevo templo en Jardín de Málaga. Allí aparece un chaval del barrio, que estudia artes en San Telmo, y quiere aportar sus talentos. Una pequeña virgen de barro de trazas sencillas; el crucificado para la Cruz parroquial; o un busto del Señor de Dolores del Puente (quizá por influencia de su profesor Suso de Marcos) son las primeras pequeñas obras que realiza para una Iglesia. Las conservamos en la parroquia, no por significativas en su trayectoria, sino porque siempre los principios son buenos para explicar la evolución de un artista. Y un ruego, no las modifiquemos.

Y sin salirnos de la demarcación parroquial de San Juan de Dios, puso hace cuatro años su taller Ruiz Montes. En su barrio. Atrás quedaron los tiempos de Pozos Dulces y los comienzos sin medios.

Cuando entré en el taller, me vino ese agradable olor a madera de cedro, (que se cuela en la memoria para siempre) Y después mi mirada se fue a las reproducciones fotográficas de grandes obras de arte, que nos indica a quienes admira (Miguel Ángel o Bernini). Y en un rincón, una foto de un primerísimo plano del Señor de Pasión de Ortega Bru. Aquí no solo nos une la escultura, sino algo mucho más profundo y emocional. Nos mira el Señor y hacemos silencio. Luego, seguimos con la conversación sobre este Nazareno que nació cerca de nuestro mar, por cierto.

Poco después de estas primeras impresiones, lo que descubro son pequeños tesoros escondidos, de apuntes a lápiz en pequeñas libretas y obras en barro de distintos tamaños y que se amontonan sin orden.

Son sus bocetos, lo que siempre más me ha impresionado de Ruiz Montes, porque ahí se percibe su destreza. Como, en pocas líneas firmes y en pequeñas superficies sombreadas, se dice tanto. Y, sobretodo, destaco la siempre maravillosa experiencia de emergencia del papel al volumen. En nuestro autor la reflexión y los estudios previos tienen su importancia.
Es en su parroquia, donde conoce a José Luis Linares, compañero sacerdote, y que le hace, con 21 añitos, el encargo para su primera obra destinada a un templo: Santa María de la Natividad. Con miedo, según él, y sin máquina de puntos, desvasta la madera y crea el tema clásico de la maternidad. Una Virgen con gesto sencillo de ternura en las manos y alejada de ampulosidades.

En torno al tema mariano, también realizará la Virgen del Dulce Nombre, donde muestra su capacidad para la ejecución de paños, o uno de sus últimos encargos la Virgen del Buen Camino, para Gamarra.

Otro aporte fundamental para comprender su producción son las esculturas de pequeño formato, destinadas en su mayoría a tronos y enseres. Destasco solo algunas: Ternura Alentadora, esculturas para el trono de la Humillación de Salobreña, para el sagrario del Oratorio de la Penas, Ángel Sacramental para Viñeros, o para los ciriales del Sepulcro. Pero, es el encargo para el programa del trono del Crucificado de Redención, su obra más completa y donde se dan más motivos para expresar su maestría y creatividad.

Y, como os dije al principio, entramos en la Pasión.

Sin lugar a dudas, hay una obra que supone un punto de inflexión importante en su trayectoria, tanto personal como artística (él sabe de lo que hablo). Obra que tuvo una gran repercusión en las redes, y que bautizó en su libro Fernández Paradas, como el Cristo de los 30.000 amigos en Facebook. Llamado por el autor Espejo de los Afligidos.

Agachado y atado a una columna, proteje su rostro de los latigazos. Destaca la mirada perdida, de resignación y de dolor ante los golpes, y no solo los físicos. Aquí se cumplen las profecías del Siervo de Yaweh... como cordero llevado al matadero.

Una postura que requiere un estudio anatómico y una destreza que nos indica por donde va transitando ya. Y, huyendo de los istmos, podríamos enmarcarlo en ese nuevo realismo que se deleita en los detalles y texturas, sin olvidar lo cinematográfico y el anclaje a la tradición barroca.

El tema más realizado por Ruiz Montes son los distintos momentos de Cristo en la cruz.

El primer crucificado es un expirante que dirije su mirada al Padre. Para una cofradía de Fuengirola, llamado de la Caridad.

El segundo, Cristo ya muerto, para la Residencia del Buen Samaritano en Churriana, llamado del Consuelo.

Y el último, antes de morir en diálogo con la Virgen y el discípulo amado. Cristo de la Misericordia para San Miguel en Málaga.

Este último, y con motivo del Año de la Misericordia, lo pudimos ver al detalle en el Palacio Episcopal. Donde, desde el centro de un cubo, emergía la imagen, y cuando nuestras pupilas se adaptaban a la oscuridad de la sala, en las paredes aparecían las siete palabras de Cristo en la cruz.

Y vuelvo al taller. Allí también se acumulan obras que saldrán dentro de poco. Entre ellas, su último encargo, el que le hace la Agrupación y la única sobre caballete, el cartel de la Semana Santa de Málaga.

Pero antes de iluminarlo, permitidme una breve oración. Un fragmento de la plegaria del iconógrafo, que hace antes de realizar una tabla y después de una preparación espiritual que duraba semanas. Dice así:

Purifica mi mirada, no me dejes olvidar jamás
que todo el saber es vano, y el trabajo es vacío,
si no hay amor, y que el amor me une
a los demás porque me une a ti, Señor.
Enséñame a orar con mis manos.
Hazme recordar que la obra de ellas
te pertenece y solo a ti dará gloria. Amén.

Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3, 16-17)

Esta cita de San Juan, recorre el perímetro del trono del Cristo de la Redención, y resume muy bien el centro del cartel. Sobre el símbolo del Sol, que es Cristo, aparece recortada y de espaldas la silueta del Crucificado de los Dolores de San Juan. Todos los demás elementos está situados en orden a este motivo central.

Y siguiendo con la descripción, corona el madero vertical el Epíritu Santo, que revolotea sobre las iniciales cruzadas del saludo del ángel a la Virgen: Ave María, y el cuerpo superior de la torre de la Catedral, la Iglesia (Por cierto, representada hasta 20 veces, con el cartel de este año). Completan la composición, en la parte baja unos nazarenos, y el texto: Semana Santa de Málaga 2018; y en la superior, una imagen de la Malagueta y Gibralfaro.

Para aproximarnos al cartel de este año, nos trasladamos al origen, a las primeras representaciones del cristianismo que nacen en las paredes de las catacumbas. Según Plazaola, un arte que venía a ser una “plegaria” figurada, más que una catequesis.

Estas representaciones de Cristo, en su mayoría son simbólicas y alegóricas. Y algunos de estos símbolos todavía perviven, y están presentes en nuestro cartel. En segundo plano, pero fundamentales para entenderlo.

 

Tres personas y un solo Dios

Esteban Lorente nos explica su significado iconográfico. La delta griega, inscrita en el círculo que forman Alfa y Omega, expresan la glorificación de Cristo. Por lo tanto, siempre están asociados a la Resurrección y a la Parusía. Ya, San Orens, en el siglo V, escribía:

Espectador, mira y considera estas perfectas figuras. Examina el perfecto enigma de este elocuente signo. Cuando veas la Rho griega, esta es la cabeza y los brazos clavados. La Iota porque aquí está el cuerpo recto y suspendido. Sigue la letra del rescate, pues el rescate hace la Salvación. Después el Alfa está a un lado y al otro el omega. La primera porque es el principio y la otra porque significa los Novísimos. Estos elementos muestran a Dios sobre cualquier otro elemento.

Ruiz Montes nos trae aquí una interpretación moderna del Crismón, donde sustituye las dos letras griegas superpuestas, por el Crucificado de Redención.

Un crucificado ya muerto. Donde todo está cumplido e inclinando la cabeza entrega el espíritu. Y con el costado atravesado, Jesús reina con serena majestad desde el trono de la cruz. Un concepto teológico que proviene del Evangelio de San Juan, y que la maestría de Miñarro supo materializar.

 

Tres edades del hombre

Tema clásico del arte, que José María lo hace cofrade, representándolo con dos nazarenos de Pasión y tres niños monaguillos. En la gestualidad de cada uno de ellos, podemos ver: al de edad avanzada que porta un martillo de mayordomo y da la espalda al espectador para centrar su atención en Cristo (el encuentro definitivo con Él está más cerca) Al joven que mientras sujeta un farol instruye a los pequeños. Y a los niños, en sus cosas, ajenos a lo que sucede se entretienen con el incienso y los carbones. Una imagen plástica de lo que puede ser la vida de cualquiera de nuestras cofradías.


Tres sentidos

Expresados en tres detalles poco llamativos, casi ocultos, pero que forman parte del cartel. Una corneta, unos limones y el azahar. Sonido, sabor y olor que asociamos a la Semana Santa.

 

El texto

Juego de letras en forma de base que cierra la composición. Donde la capital y la final se convierten en las esquinas de un trono hecho de hojas de acanto y frontones partidos. El volumen de las letras se consigue con los colores rojo, morado y verde. Tan significativos para los cofrades y para la ciudad.

Y de fondo … Málaga.

Paisaje clásico de la Alcazaba, Gibralfaro y la Malagueta (sin bloques) donde se intuye la Farola.

Parece de noche, todavía se ve la luna llena y la costelación de Piscis. Posición meridional, al Sur, como nuestra ciudad. Y volvemos al mundo del símbolo clásico de los peces (cristológico y eucarístico)

Decía que no es de noche, porque está amaneciendo. Empiezan a aparecer las primeras luces del nuevo día sobre el mar.

Y volvemos al extraño regalo del Balthasar, a la mirra. A las aromas que llevan las mujeres al sepulcro. Como aquella mañana, pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana (Mt 28, 1). Es la mañana de la Resurrección. De la Redención según Málaga. Donde todo no acaba, al contrario, comienza.

 

Mensaje a los artistas 

Y no puedo terminar esta presentación sin hacer mías las palabras que dirigió el Papa Benedicto, a más de 260 artistas internacionales reunidos en la capilla Sixtina, el motivo del encuentro fue renovar la amistad y el diálogo entre la Iglesia y el mundo del arte.

“Sois los custodios de la Belleza, tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de amar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. (…) ¡Sed también, a través de vuestro arte, anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad! ¡Y no tengáis miedo de relacionaros con la fuente primera y última de la Belleza, de dialogar con los creyentes, con quien, como vosotros, se siente peregrino en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita! La fe no quita nada a vuestro genio, es más, lo exalta y lo nutre; os anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva, el sol sin crepúsculo que ilumina y hace bello el presente.”

 

· Presentación del cartel oficial de la Semana Santa 2018, realizada por el sacerdote Miguel Ángel Gamero, director de Patrimonio de la Diócesis y de Ars Málaga.

Publicado en Opinión / Tribuna

El Crucificado de la Redención es una de las más unánimes y celebradas tallas procesionales de la imaginería contemporánea. Obra del sevillano Juan Manuel Miñarro, la efigie bendecida en 1987 ha servido para centrar la composición de José María Ruiz Montes para su cartel de la Semana Santa 2018.

No es la primera vez, no obstante, que el crucifijo de los Dolores de San Juan anuncia la Semana Santa de Málaga. En 1989, sólo un año después de su primera salida, la Agrupación de Cofradías quiso homenajear al fotógrafo Rafael Melero empleando una sugerente instantánea del Señor de la Redención en el interior de la iglesia del Sagrado Corazón, templo desde donde salió los Dolores entre 1985 y 1988 y, posteriormente entre 2005 y 2009.

 

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En las quinielas sobre la imagen que podría centrar el cartel de la Semana Santa de 2018, el Cristo de la Redención partía con cierta ventaja, pues es sabida la vinculación del artista Ruiz Montes a la archicofradía. Sus aplaudidos trabajos de imaginería en el trono del Crucificado estrenado en 2013 llegan a suponer un antes y un después en su producción, especialmente en cuanto a la promoción de su carrera artística.

Es, pues, la segunda vez que el Cristo de la Redención preside el cartel oficial de la Semana Santa, algo significativo a tenor de la modernidad de la talla, que el 1 de noviembre pasado cumplió treinta años y sigue siendo, visto lo visto, la musa de muchos artistas.

 

· Descripción del cartel oficial de la Semana Santa 2018, realizada por el sacerdote Miguel Ángel Gamero, director de Patrimonio de la Diócesis y de Ars Málaga, aquí.

Publicado en Málaga

El Cristo de la Redención, de espaldas, anuncia la Semana Santa de Málaga 2018. Es la segunda vez en la historia que protagoniza el cartel oficial, pero la primera que un artista lo plasma en un lienzo. El imaginero José María Ruiz Montes realizó la imaginería del trono del Crucificado de los Dolores de San Juan y ahora lo ha elegido como epicentro de la obra pictórica con la que se presenta a la Málaga cofrade. Según el director de Patrimonio de la Diócesis y de Ars Málaga, el sacerdote Miguel Ángel Gamero López, es "una interpretación moderna del Crismón", donde sustituye las dos letras griegas superpuestas, por el Cristo que tallara Juan Manuel Miñarro en 1987. Gamero fue el encargado de presentar la obra en el Teatro Echegaray, un espacio que acogió este acto -de acceso por invitación- por tercer año.

"Espectador, mira y considera estas perfectas figuras. Examina el perfecto enigma de este elocuente signo. Cuando veas la Rho griega, esta es la cabeza y los brazos clavados. La Iota porque aquí está el cuerpo recto y suspendido. Sigue la letra del rescate, pues el rescate hace la Salvación. Después el Alfa está a un lado y al otro el Omega. La primera porque es el principio y la otra porque significa los Novísimos. Estos elementos muestran a Dios sobre cualquier otro elemento", dijo Gamero en la presentación de la obra.

 

· Descripción del cartel oficial de la Semana Santa 2018, realizada por el sacerdote Miguel Ángel Gamero, director de Patrimonio de la Diócesis y de Ars Málaga, aquí.

Publicado en Málaga

La junta de gobierno de la Agrupación de Cofradías acordó para anunciar la Semana Santa del año 1952, como homenaje al artista malagueño fallecido Manuel Fernández bajo pseudónimo de Aristo-Téllez, reproducir el cartel que pintara para el año 1925 y que también había sido empleado para el año 1940 (cartel recurrente obviado). Sin embargo, no volvió a editarse. La comisión de propaganda de la Agrupación acordaría que, "en vez de editarlo con un motivo pictórico como se proyectaba en un principio, se efectuara una composición fotográfica a base de cuatro o cinco de la mejores y más artísticas imágenes y motivos procesionales para reproducir en huecograbado sistema offset-colores, dando con ello una nueva forma, más atractiva".

Era la primera vez que la fotografía iba a ser protagonista del cartel oficial de la Semana Santa. Anteriormente, ya se había realizado un cartel no oficial en 1935 con una composición fotográfica de Juan Arenas Cansino, editada por la imprenta de la revista ilustrada Vida Gráfica de la que Arenas era propietario, y que fue publicada en la revista La Saeta de aquel año como desplegable. Precisamente, en ese año de 1935 se había elegido como cartel oficial una pintura del malagueño Manuel Fernández.

Surgía el problema, que no había aparecido hasta el momento, de seleccionar las fotografías que debían protagonizar el cartel, ya que esta criba podía generar recelos en las cofradías no elegidas. La solución aséptica adoptada consistió en enviar todas las fotografías reunidas por estudio fotográfico Foto Arenas a la casa Heraclio Fournier de Vitoria, encargada de editar el cartel, para que ellos las escogieran.

  

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El cambio fue un éxito, siendo elogiada esta atrevida innovación por la prensa de la época. Por ello, se decidió repetir la fórmula para el año siguiente, ampliando de siete a once el número de fotografías que lo compondrían. Evidentemente, las fotografías elegidas serían distintas y la elección esta vez sí correría a cargo de la comisión de propaganda de la Agrupación, una vez superados los temores iniciales.

A pesar de que funcionaba, la presión de los círculos artísticos de la ciudad provocó que desde 1954 se volviera al cartel tradicional, convocándose un nuevo concurso entre cartelistas malagueños en el que resultó ganador el presentado por Eduardo Casares Goñi y José María Soria Martínez, autores del último cartel editado antes de la breve aventura fotográfica.

El vicario general del Obispado, Francisco Carrillo, manifestó en 1962 la conveniencia de que el cartel fuera reproducido en huecograbado a un color, con reproducción de una sola imagen y la inscripción correspondiente. Coincidía con la percepción que tenía la Agrupación de la situación, ya que se había llegado al punto de recuperar carteles anteriores para 1960 y 1962 tras diversas obras que no fueron del agrado de los cofrades. La idea de volver a la fotografía- cartel se hizo realidad al anunciar la Semana Santa de 1963, eligiéndose la imagen del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso. La fotografía pertenecía a Foto Arenas, estudio en el que su fundador Juan Arenas ya se encontraba jubilado, quedando a cargo del negocio su sobrino y compañero José Romero Arenas. Nuevamente, el cartel fue editado por la casa Heraclio Fournier de Vitoria, recurriéndose a la técnica de reproducción gráfica del huecograbado.

 

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La fotografía seguiría siendo la protagonista del cartel oficial en los tres años siguientes, con imágenes del fotógrafo de Foto-Hall Andrés López Roldán (1964 y 1966) y del aficionado Manuel del Río (1965). Así, para el cartel de 1964 se optó por una composición fotográfica que recordaba a las composiciones pictóricas de décadas anteriores, realizada por la propia casa Fournier. La fotografía de María Santísima del Amparo por la Alameda, premiada en el concurso fotográfico del año anterior, gozó de gran aceptación; al igual que la magnífica fotografía del Santísimo Cristo de la Expiración el Jueves Santo de 1956, ganadora del I Salón de Arte Fotográfico organizado por la Agrupación de Cofradías.

 

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Tras el corto paréntesis de un año, se vuelve a la fotografía en 1968, por primera vez a color, escogiéndose de nuevo una de Foto Arenas por ser la única que reunía las condiciones necesarias, según afirmaba el presidente de la Agrupación. Figuraba en ella el Cristo Mutilado pasando frente a la portada gótica del Sagrario, imagen tomada desde el interior del hospital de Santo Tomás cuando ello era posible.

La primera fotografía como cartel oficial de la década de los setenta fue por segunda vez obra de Manuel del Río (1971), concretamente, un primer plano a color de María Santísima de la Esperanza. En esa década, hay que esperar hasta 1976 para que se vuelva a optar por una fotografía, opción concebida como rápida solución por la escasez de fondos. El cartel de ese año vuelve a estar protagonizado por el Cristo Mutilado, junto a la torre de la Catedral, en una escena captada por Ricardo Ballesteros. Se inicia un periodo de seis años en el que el triunfo de la fotografía en color sobre el cartel de estilo pictórico es manifiesto, solo comparable al producido en la segunda mitad de la década de los ochenta.

 

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El fallecimiento de José Romero Arenas en 1975 motivó la elección de la fotografía del cartel para 1977, "como homenaje a Foto Arenas y a la memoria del que fue gran amigo de la Agrupación... en reconocimiento a la labor de sus muchos años de colaboración"; se eligió para ello una imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas con un llamativo fondo de color rojizo.

Del mismo estudio fotográfico serían las fotografías elegidas los dos años siguientes. Momento histórico el que se captaba en el cartel de 1978, correspondiente al Lunes Santo del año anterior, cuando la imagen de Jesús de la Pasión de Ortega Bru discurría por primera vez bajo las naves catedralicias. El fallecimiento de uno de los fundadores de la Agrupación, el pollinico Francisco Triviño Salmerón, justificó que protagonizara el cartel de 1979 la imagen de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén.

 

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El Santísimo Cristo de la Agonía captado por Ricardo Ballesteros desde el interior de la iglesia de San Julián, tras realizar su salida, centra el cartel del año 1980; el año siguiente, una fotografía del trono de María Santísima del Rocío realizada por Julio Bravo, fotografía con problemas técnicos en el resultado final del cartel al quedar la imagen del trono demasiado pequeña.

 

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Al final de esta larga etapa, la sensación era que la fotografía ya había cumplido su objetivo como cartel oficial, perdiendo originalidad y llegando en cierto modo a saturar como en otros momentos sucedió, y puede suceder, con el cartel pictórico. Expone perfectamente la situación que se vivía en aquel momento Francisco Javier Fontalva, en el segundo número de la publicación Boletín de Arte, al señalar: "esa fácil asimilación que debe presidir la comunicación cartel-espectador no es incompatible con la fantasía, la imaginación y creatividad...Vaya esto en defensa de la libertad de acción y en contra de los falsos academicismos o gustos oficiales impuestos por los señores jurados de los concursos de antaño o por los señores jurados de los no concursos de ahora; vaya esto en contra del estereotipo de la 'mujer de mantilla' de antes o el mal uso de la foto-cartel de ahora..." La exposición El Cartel de la Semana Santa malagueña en el museo diocesano de arte sacro en los meses de marzo a abril de 1981 contribuyó a la vuelta a la pintura durante cinco años.

El concurso pictórico de 1986 fue un rotundo fracaso y quedó desierto, teniendo que recurrirse como antaño al segundo premio del concurso del año anterior, aunque con ello se rindiera un merecido homenaje a su autor Antonio Sánchez Barrera. La vuelta a la fotografía en el año 1987 no estuvo exenta de polémica. El presidente Francisco Toledo, para evitar los problemas del año anterior, decide proponer directamente a la junta de gobierno de la Agrupación una pintura realizada por el pintor Eugenio Chicano. Esta obra, protagonizada por el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, había sido realizada durante la estancia del artista en la ciudad italiana de Verona. Se abrió un tenso debate en el seno agrupacional, ya que muchos hermanos mayores la rechazaban por ser de un estilo “demasiado moderno”. Finalmente, se optó por rechazar la obra de Chicano, decidiéndose convocar un concurso de fotografías. Se presentaron 48 fotografías y 136 diapositivas, resultando ganadora una fotografía de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, obra de Juan Manuel Bermúdez Recio. A pesar de ello, el cartel de Chicano sería editado de manera oficiosa por un grupo de cofrades.

 

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La apuesta por la fotografía se consolidó al año siguiente, al igual que la polémica. Se presentaron 93 fotografías y 91 diapositivas. El jurado, compuesto por hermanos mayores y por algunos profesionales de la fotografía, no se puso muy de acuerdo a la hora de elegir al ganador. Parece ser que durante la selección de fotografías, que se realizó en los salones de la propia Agrupación, se eligieron en principio fotografías en color de la Humillación, Exaltación y Cautivo. Entre estas tres estaba la ganadora, pero en una nueva preselección fue incluida una fotografía de la imagen de María Santísima de Consolación y Lágrimas por la Alameda, realizada por Juan Manuel Bermúdez Recio. Esta última resultó ganadora y la polémica estaba servida.

El hermano mayor adjunto de la cofradía del Cautivo, José Roselló, mostró su enfado ante los medios, manifestando que se convocaba un concurso "para buscar la foto que mejor dé en la imprenta y no la más artística u original". Igualmente, cuestionó la presencia en el jurado de profesionales de la fotografía porque sus opiniones no se tuvieron en cuenta. Por su parte, el hermano mayor de la hermandad de la Estrella, José García Ojeda, señaló que él estaba confiado en que iba a salir la de Nuestro Padre Jesús de la Humillación "porque todos me felicitaban…¡Enhorabuena, Pepe! , esta es la que va a ganar, pues me lo creí". Declaró el presidente de la Agrupación, Francisco Toledo, que se descartaron las otras dos fotografías por carecer de calidad a la hora de imprimir y, además, que: "Todos pensamos que sería conveniente elegir la imagen de una Virgen por encontrarnos en el Año Mariano".

 

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Más pacífica fue la elección de la fotografía para el cartel de 1989, rindiéndose un homenaje póstumo al fotógrafo malagueño Rafael Melero al elegir una histórica fotografía del Santísimo Cristo de la Redención en su primera salida procesional el Viernes Santo del año anterior. El concurso del año 1990 fue el más concurrido (98 fotografías y 249 diapositivas), resultando ganador nuevamente Juan Manuel Bermúdez Recio con una fotografía del Santísimo Cristo de la Exaltación por calle Calderón de la Barca.

Los problemas de los últimos años provocaron no volver a las fotografías, ni a los concursos, para elegir el cartel oficial de la Semana Santa de Málaga, optándose por el encargo directo de un lienzo a un autor, como ya se barajó en 1987. Se buscaba así incrementar el patrimonio pictórico de la propia Agrupación con artistas de renombre. Lo que no se conseguiría evitar sería la polémica en torno al cartel oficial, ni siquiera en relación a un hipotético retorno a la fotografía casi tres décadas después.

Publicado en Semana Santa del ayer

Pasada la fiesta de Reyes, la primera cita cofrade es la presentación del cartel oficial de la Semana Santa, que este año será el miércoles 10 de enero. A partir de las 20.30 horas se descubrirá la pintura del imaginero José María Ruiz Montes en el Teatro Echegaray, que acoge la cita por tercer año. El acceso será exclusivamente por invitación y el protocolo volverá a llenar las 297 butacas del aforo. Un periodista de cada medio de comunicación será acreditado para contar lo que ocurra, según informan desde el gabinete de comunicación de la Agrupación de Cofradías, que ofrecerá el acto en directo desde la web oficial.

"A mis padres, mi mujer, mis tres hijos y mis dos hermanos". Ésta es la dedicatoria de la obra y que el propio artista compartió el 4 de enero en sus redes sociales. No hay precedentes de que un imaginero pinte el cartel oficial de la Semana Santa de Málaga. El miércoles 10 se descubrirá la propuesta de Ruiz Montes.

El director de Patrimonio de la Diócesis y de Ars Málaga, el sacerdote malagueño nacido en la localidad serrana de Cortes de la Frontera, Miguel Ángel Gamero López, será el encargado de presentar la obra. El acto será conducido por José Luis Ramos e intervendrán el alcalde, Francisco de la Torre; el presidente de la Diputación, Elías Bendodo; y un responsable de la entidad bancaria que patrocina el acto.

Publicado en Málaga
Jueves, 12 Enero 2017

Carteles recurrentes

El pasado año, por estas mismas fechas, escribí sobre el primer cartel oficial de la Semana Santa de Málaga en 1921, apuntando que dicho cartel fue utilizado de nuevo al año siguiente. Esta circunstancia no fue una excepción, ya que en varias ocasiones se ha empleado un mismo cartel para anunciar la Semana Santa de distintos años. Los motivos, diversos, aunque como vamos a tener ocasión de comprobar, la mayoría de las veces se ha debido a la necesidad de reeditar un cartel de calidad tras unos años de insatisfacción con el resultado obtenido. Estos carteles, digamos recurrentes, han sido los siguientes:

1) A finales de 1922 se acuerda abrir un concurso gratuito entre los artistas de la ciudad para que estos confeccionen el que sería el cartel de Semana Santa para 1923. El concurso se resuelve rápidamente, poco más de un mes después, en favor del titulado Dolorosa que había sido propuesto por el artista Enrique Jaraba Jiménez. En el mes de marzo este cofrade de la Sangre sería nombrado, junto con los pintores malagueños Agustín Sánchez y José Ponce, consultor artístico de la Agrupación.

 

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El cartel de este pintor de reconocido prestigio en la ciudad, que ya había elaborado el cartel de la feria y fiestas de Málaga hasta en cinco ocasiones, llamó la atención y recibió muchos elogios, “se separa de los consabidos carteles para convertirse en artístico estandarte” (La Unión Mercantil, 14/03/1923). Impreso en los talleres gráficos de Herederos de Fausto Muñoz, se volvió a emplear el mismo cartel al año siguiente.

No sería la última vez que este cartel de Enrique Jaraba anunciara la Semana Santa malagueña. En el año 1975 la Comisión de Promoción y Promulgación de la Agrupación propuso prescindir del concurso para la elección del cartel, debido a la baja calidad de los que se presentaban, y reproducir el cartel de 1923 y 1924, “obra del pintor Enrique Jaraba que ahora hace el cincuentenario”. En esta ocasión sería la Casa Sorima la encargada de su impresión.

2) La Semana Santa de 1927 se anunció con un cartel obra del artista motrileño Pablo Coronado Martín, llamado Saeta. Este cartel fue el segundo premio del relevante concurso convocado a nivel nacional para la selección del cartel del año 1925. Es un homenaje a la saeta, representando a una gitana cantando a un Crucificado, que por su silueta parece ser el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas de Pedro de Mena.

 

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Antes del inicio de la Semana Santa de 1936, se adoptó un acuerdo por el Comité Ejecutivo de la Agrupación en el que se indicó: “(...) se propone que de acuerdo con las indicaciones del secretario del Patronato de Turismo, Sr. Jasper, y el Comité de Fiesta de Primavera se escoja el cartel a propósito de los ya editados y se utilice para la propaganda. El comité acordó aprobar la propuesta del presidente.” El cartel elegido entre los ya editados fue el que se había utilizado en el año 1927. Los carteles se imprimieron en los talleres de Alcalá, aunque finalmente no fueron utilizados a causa de la “suspensión de las festividades.” Efectivamente, el 30 de marzo de 1936 el Comité Ejecutivo de la Agrupación adoptó la decisión de que no procesionase ninguna imagen ese año; meses después comenzaba la Guerra Civil. Aquel cartel de Pablo Coronado en el que figuraba el Cristo de Mena sí sería utilizado para anunciar la Semana Santa 1939, a propuesta de la Comisión Restauradora.

3) Año 1944. Debido a la falta de tiempo para organizar un concurso, la Agrupación decide dirigirse al Director General de Turismo, Luis Antonio Bolín, para que sea este organismo el que regale el cartel que debe anunciar la Semana Santa de Málaga. Así, se encarga a uno de los mejores cartelistas de aquel entonces y que realizaba numerosos carteles para el Patronato Nacional de Turismo, el artista catalán José Morell i Macías, quien realiza Frente de procesión. La Dirección General de Turismo corrió con los gastos de impresión en una casa litográfica catalana.

 

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Es evidente lo ventajosa que resultó esta colaboración para la Agrupación; tanto que al año siguiente repitieron fórmula. A decir verdad, la Dirección General de Turismo también repitió. El señor Bolín envió una carta a la Agrupación diciendo que “cree que el cartel debe ser el mismo que el Sr. Morell ejecutó para las solemnidades del año en curso, toda vez que fue un acierto y un éxito indiscutible.”

Se decidió aceptar la propuesta, editando el mismo cartel que el año anterior pero cambiando el color de dos de los capirotes para dar al mismo algo de originalidad, “sin que por esto pierda la elegante característica que ha hecho aceptar a la Agrupación el acertado criterio del Director de Turismo.”

4) En 1948 se concluye nuevamente que los concursos son un fracaso, solicitándose bocetos a cartelistas malagueños. Posteriormente, vistos aquellos, se decide solicitar diversos bocetos a José Morell. Entre los nueve bocetos recibidos en total, es elegido uno realizado por el artista catalán, cuyo lema es Encuentro. El boceto original fue modificado, siendo sustituido el escudo de la ciudad que aparecía en un principio por el de la Agrupación; del mismo modo, se indicó al señor Morell “que la capa que viste el nazareno en dicho cartel y que representa la de un equipo sevillano, sea sustituida por la de un equipo malagueño.”

 

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A diferencia de lo sucedido con el anterior cartel de Morell, este sí fue sufragado por las cofradías malagueñas.

Tras diversos carteles que no fueron del agrado de los cofrades, para la Semana Santa de 1960 se decide recuperar un cartel anterior, evitando gastos y la demora en la impresión del mismo. Se recupera el de 1948 de Morell, acordándose una simplificación cromática del original.

5) En 1962, al igual que sucedió en 1960, se decide recuperar un cartel del pasado, intentando así paliar el retroceso artístico de carteles anteriores. En esta ocasión se recupera un cartel lleno de de carga emotiva, el cartel que anunció la Semana Santa de 1931, obra del gaditano Francisco Hohenleiter y Castro.

 

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Dicho cartel, titulado Claveles, se presentó por su autor al concurso convocado en el año 1929, obteniendo el cuarto premio. El cartel de este autor costumbrista plantea una iconografía clásica, representando una mujer de mantilla rezándole al Cristo de Mena, que desaparecería meses después.

Tras este breve repaso y llegado el caso, la pregunta sería ¿qué cartel del pasado debería reeditarse?

Publicado en Semana Santa del ayer
Sábado, 30 Julio 2016

Y ya sí, Berzosa

Le llegó la hora. Raúl Berzosa pintará el cartel de la Semana Santa de su tierra natal. Al pintor, de 37 años, le aterriza el encargo dos años después de haber realizado el mismo trabajo para la Semana Santa de Sevilla. La obra de 2015 compuesta para la celebración de la capital andaluza contó con la escultura del Cristo del Amor, de Juan de Mesa, como motivo principal.

Licenciado en Historia del Arte, Berzosa es un artista prolífico que ha legado obras tanto en el patrimonio local como fuera de las fronteras. De las primeras, destaca por su dimensión las pinturas del oratorio de la cofradía de las Penas, entre 2008 y 2014, y las del ábside de la iglesia de San Felipe Neri en 2012. Además, pintó el cartel de la coronación canónica del Rocío.

Para Andalucía, además del mencionado cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2015, destacan los trabajos efectuados en el Santuario de la cofradía de los Gitanos y el techo de palio de la Virgen del Sol de la misma ciudad hispalense, o el cartel de la hermandad filial del Rocío de Huelva con motivo de la romería de 2016.

De la misma forma, ha aportado sus obras a distintas ediciones publicadas para la liturgia del Vaticano. Para la Agrupación de Cofradías ya trabajó anteriormente, realizando el cartel de la celebración del Año de la Fe, Mater Dei, en 2013. Es cofrade, y está vinculado a hermandades como el Carmen, el Rocío –para la que realizó su primera obra-, la Paloma o las Penas, de la que posee su escudo de oro, al igual que de la del Cautivo.

Publicado en Málaga
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