×

Advertencia

JUser: :_load: No se ha podido cargar al usuario con 'ID': 327

LA CRÓNICA

Vídeo relacionado

Resumen de la procesión triunfal de coronación. ALBERTO CABELLO

Un centenario para ajustar las cuentas

La coronación de la Soledad de Mena culmina la efeméride con una procesión de más de diez horas que se recogió con las claras del día

A. CEREZO · J. G. · J. A. N. | Domingo, 12 Junio 2016 Comentarios (10)
La Soledad de Mena, ya coronada, en la Tribuna de los Pobres. La Soledad de Mena, ya coronada, en la Tribuna de los Pobres. A. C.

Con la Virgen de la Soledad la ciudad ya está cumplida. Más allá del aluvión –y hasta moda– que Andalucía en general experimenta en torno a la petición de coronaciones canónicas de imágenes marianas, lo cierto es que, analizando la historia devocional de cada ciudad, así como la solera y trayectoria de las efigies que han mantenido el pulso del fervor religioso en sus entornos, hay imágenes en las que la petición de coronación se antoja más como un ajuste de cuentas pendiente que como la meta a una carrera de mérito.

Y es el caso de la Soledad de Mena. Y de, a vuelapluma, otra media docena de devociones históricas de pasión y gloria que podrían ser coronadas canónicamente con sobrados méritos, para que así los fieles y la Iglesia de Málaga les devolvieran trayectorias amplias de fervor continuado, contra viento y marea, vertebrando la religiosidad popular de los malagueños a lo largo de los siglos.

De estas devociones, que la propia hemeroteca las hace emerger por sí solas y huelga nombrarlas, la Virgen de la Soledad de Santo Domingo ya está donde se merece. Una devoción nacida a finales del siglo XVI y cuya hermandad en 1915 formó con la del Cristo de la Buena Muerte la actual Congregación de Mena que cerró este 11 de junio con la coronación de la Dolorosa su centenariazo, que ha incluido dos visitas a la Catedral a lo largo de su efeméride.


Los previos

La ceremonia de coronación celebrada en la Catedral presentó, quizá, el más acertado altar que se recuerda para este tipo de efemérides, ajustado perfectamente a la arquitectura del presbiterio y facilitando un acceso cómodo a la imagen para el momento de la imposición del halo. Los congregantes realizaron una obra arquitectónica efímera -con maderas policromadas que imitaban al mármol del baldaquino- para cobijar a la Virgen de la Soledad, que se presentó sobre la peana de carrete del Chiquito. Una pintura de ángeles con el Espíritu Santo, realizada por Francisco Naranjo, enmarcó a la Dolorosa en un culto en el que estuvieron representados Santo Domingo de Guzmán y San Carlos, titulares de la sede canónica de la Congregación.

A las 11.51 horas llegó el momento cumbre: el obispo, Jesús Catalá, y el cardenal Fernando Sebastián, imponían el halo de coronación a la Virgen de la Soledad. La misa estacional se prolongó una hora y media aproximadamente [la homilía íntegra, aquí]. La parte musical corrió a cargo de la capilla Maestro Iribarren, dirigida por el organista Antonio del Pino, que interpretaron piezas de una misa de Juan Francés de Iribarren fechada en 1749. Una ceremonia de sabor barroco con un deslucido final, pues el organista Adalberto Martínez no tocó en la procesión de salida de los celebrantes de la misa estacional, tras una descoordinación previa en el canto de la Salve.

El viernes, previamente, la Soledad de Mena abandonaba Santo Domingo en el trono de la Soledad de Antequera, luciendo un atuendo que rompía con el que ha sido el constante atavío de la imagen, su característico tocado blanco. Más allá de valoraciones, que las hubo para todos los gustos, es objetivo el impacto que generó. La banda Trinidad Sinfónica acompañó a la imagen hasta la Catedral en una jornada en la que el terral fue inmisericorde e influyó sin duda en la cantidad de público, especialmente en las primeras horas, aunque siempre estuvo acompañada.

La otra salida fue el traslado después de la ceremonia de Coronación. Muy después; si la misa estacional finalizó en torno a las 12.30 horas, hasta pasadas las 14.40 el cortejo no salió a un semivacío Patio de los Naranjos. Dio tiempo a la desbandada general y a que una mayoría de turistas sustituyeran a los cofrades que no aguantaron las más de dos horas de espera. En su traslado visitó a la Soledad del Sepulcro, que aguardaba en el presbiterio de la Abadía del Císter. Para el traslado, la Virgen volvió a dejar a un lado su personalidad en el atuendo, saliendo con una mantilla sobre la cabeza, sin continuar por el pecho, y un manto liso. Portado por miembros de la Marina, sin música y entrando por la puerta pequeña de la casa hermandad del Sepulcro, el traslado dio paso a la salida procesional a partir de las ocho de la tarde.


Procesión triunfal

Algo antes de las ocho de la tarde salía el cortejo de la Congregación de Mena con su característica y austera cruz guía desde la iglesia de San Agustín, pasando por delante de la casa hermandad del Sepulcro. Abrió procesión la banda de cornetas y tambores Jesús Cautivo, que marchó en la comitiva hasta la esquina de la plaza de Uncibay, en donde se despidió de la Dolorosa a los sones de la marcha ‘Bendición’.

Diversas representaciones de hermandades de gloria y pasión formaron el primer tramo del cortejo, que cerraron las cofradías con titular coronada canónicamente por orden de menos antigua a más, con la excepción de la Patrona, Santa María de la Victoria, que se posicionó en último lugar. Las hermandades de la parroquia sin esta prerrogativa, como el Rosario de Santo Domingo y la Estrella, no contaron con puesto de privilegio en el cortejo e iban mezcladas con las de su naturaleza.

Tras las representaciones, que se retiraron en la plaza de la Constitución, marchó un nutrido grupo de hermanos con cirios, más de dos centenares, con más de una cincuentena muy jóvenes, que cerraba el nuevo estandarte de coronación. Antecediendo al trono se situó una amplia representación militar y religiosa y la cuadrilla de acólitos, con ocho ciriales sin pertiguero.

La Virgen aparecía vestida con su atuendo característico y luciendo su espléndido halo de coronación que, lejos de alterar el atavío que identifica a la Soledad de Mena, viene a reforzarlo. El trono del Jueves Santo lució un fino adorno de calas y frecsias blancas en sus ánforas y estrenó la pintura de la toldilla exterior, a cargo de Pablo González.

Tras la imagen marchó la Sociedad Filarmónica de la Oliva de Salteras, que debutaba en una procesión en Málaga. La prestigiosa banda interpretó una muy inteligente cruceta musical que navegó por la difícil cuerda de funambulista que es ajustar la música a un momento glorioso sin descontextualizar la atmósfera austera que exige una Dolorosa enlutada. La solemnidad se impuso a un, a veces, mal entendido sentido ‘glorioso’ asociado a marchas jaraneras que no siempre encajan. Acertadamente distribuidas, se oyeron todas las marchas de coronación, las propias del patrimonio de la Congregación y otras piezas procesionales, algunas muy originales y de calidad como ‘Lunes Santo en el Museo’ (José Manuel Delgado), ‘Estrella’ (Manuel Marvizón) o ‘Nuestra Señora del Patrocinio’ (Pedro Gámez Laserna), dedicadas a imágenes a las que acompaña esta banda saltereña en la Semana Santa de Sevilla.

Durante el recorrido diversos balcones y altares se levantaron en honor a la Dolorosa, en mucho de los cuales cayeron lluvias de aleluyas y pétalos. Llamó la atención la nutrida petalada ofrecida en el último tramo de calle Carretería, que la Virgen no recibió completa al no detenerse por suficiente tiempo el trono, que acababa de cambiar de turno de portadores. Y no ocurrió, desde luego, porque la procesión fuese especialmente ágil. Quizá por un ritmo excesivamente parsimonioso y por las paradas del trono tan prolongadas, en el último tramo del recorrido a partir del pasillo de Santa Isabel, mermó considerablemente la afluencia de público.

En ese ambiente más familiar, rayó lo surrealista la -a todas luces y por enésima vez- excesiva sobreactuación policial, tanto alrededor del trono, como en cuanto a despliegue de tráfico se refiere: accesos al centro histórico cortados desproporcionadamente antes de tiempo, prohibición de aparcar en sitios aparentemente inocuos como el Hoyo de Esparteros... Un ejemplo más del alarmante desconocimiento por parte de los responsables de seguridad de la dimensión de los actos cofrades y el modo de vivirlos que tienen los ciudadanos.

La lentitud del cortejo hizo que las cuatro imágenes de culto que lo tenían previsto esperaran más de la cuenta la llegada de la Soledad de Mena Coronada a sus altares: la Virgen del Traspaso y Soledad de Viñeros aguardaba en la iglesia de Santa Catalina y la imagen llegó a la una de la madrugada; la Soledad de Ávalos lo hacía en la casa hermandad de la Sagrada Cena –en donde se leyó un prolongado texto alusivo con megafonía, en torno a las 2.15 horas-.

La Virgen de los Dolores del Puente lucía en su capilla transformada para la efeméride y la Virgen de la Estrella presidía la puerta de los tronos de la iglesia de Santo Domingo. Estas dos últimas imágenes fueron visitadas por la Soledad de Mena con las claritas del día. Y es que a las 6.25 horas de la mañana, dos horas y media después de lo previsto, la Soledad Coronada entraba en su salón de tronos y la ciudad ajustaba cuentas pendientes con una de sus devociones de siempre.

 

LA CRUCETA MUSICAL DE LA CORONACIÓN

· Así sonó el traslado a la Catedral, por la Trinidad Sinfónica

· Música de la procesión triunfal, por la Oliva de Salteras

¿Le ha resultado interesante?
(6 votos)

Noticias relacionadas (por etiqueta)