LA CRÓNICA

El luto aliviado del Viernes Santo

La jornada se pierde entre la movida de bares y la formalidad y la música de algunos cortejos · La Federación de Peñas puso el broche de shows deplorables ante el Sepulcro

A. CEREZO · J. A. C. · J. A. N. | Sábado, 26 Marzo 2016 Comentarios (1)
Comitiva del Descendimiento al paso por la Casona del Parque, donde saluda la Corporación. Comitiva del Descendimiento al paso por la Casona del Parque, donde saluda la Corporación. EL CABILDO

El Viernes Santo tiene un problema de orden social; además de ser santo, es un viernes festivo y víspera de sábado. Ello conlleva que dos perfiles muy distintos ocupen la ciudad; el que va a ver procesiones y el que se va de juerga sin reloj.

Todo en orden de no ser por las connotaciones geográficas de ambas citas, que vienen casi a coincidir. En torno a la medianoche, Málaga se transforma en un gigantesco botellón y las cofradías se quedan en minoría. Las tres hermandades primeras (Dolores de San Juan, Monte Calvario y Descendimiento) están recogidas o a punto de ello. El Amor se enfrenta a un vertedero de ruidos y suciedad en la zona del Teatro Cervantes para alcanzar el remanso desierto de la Cruz Verde; la Soledad de San Pablo esquiva latas y cáscaras por Carretería; la Piedad recorre el trayecto contrario a los que bajan de juerga cada viernes o sábado del año; el Santo Sepulcro, ya en la zona del Patio de los Naranjos puede respirar.

Y Servitas. El regreso de Servitas es para llorar, y no de emoción. Los penitentes rezan la Corona Dolorosa como auténticos héroes en medio del griterío, las sartas de soeces y los comentarios jocosos aprovechando la impunidad que ofrece la oscuridad. La situación es un mantra repetido desde que la Orden Tercera abandona la Tribuna, y cada año ocurre con más intensidad.

En la tarde, todo hay que decirlo, una enorme cantidad de público respetuoso atesta las salidas de las hermandades y los primeros recorridos de las mismas. Porque saben a lo que van. Paradójico, pues, es -y entramos en la otra parte de ese luto aliviado que es el Viernes Santo- que haya hermandades que aún no se enteren -o, sabiéndolo, se nieguen a participar- que la necesidad de la jornada es de meditación y austeridad ante la muerte de Jesucristo.

Pero nada. Marchas de cornetas y tambores que sacan de cuajo del día que se vive, tronos dando izquierdazos y con coreografías; nazarenos de paseo por los bares de la ciudad -circula por las redes todo un ‘reportaje’ sobre la Soledad de San Pablo-; ‘Concha’, ‘Madrugá Macarena’, ‘Madre Hiniesta’, ‘Manto y Corona’; curvas aplaudidas; saetas con micrófono al Santo Sepulcro promovidas por los peñistas... Un capítulo propio merecen los shows deplorables ofrecidos por la Federación de Peñas en el Hotel Tribuna durante toda la Semana Santa. Dadas las buenas relaciones institucionales que existen entre cofrades y peñistas, la Agrupación de Cofradías debería hacer saber a este colectivo que su espectáctulo es, a todas luces, improcedente, aunque se realice con buena intención. Si no, las cofradías afectadas de forma individual deberían pronunciarse. Como sea, no puede repetirse tamaño circo en años venideros.

El panorama es ciertamente desolador, aunque las hermandades del día, incluso las que protagonizaron -o fueron víctima de- estas estampas, también dieron alegrías. Destacable el regreso de la Piedad, con muy pocos abandonos y ciertamente apiñada o la sensacional estampa que ofrecía la Soledad del Sepulcro en el centro de su trono. Como siempre, Servitas, Dolores de San Juan, Monte Calvario y Santo Sepulcro fueron las que metieron, insobornables, al espectador en la jornada de luto que debe ser el Viernes Santo.

Los itinerarios del día parece que se van asentando. Lo que pudo ser un malentendido o descoordinación entre la autoridad y la cabeza de procesión del Monte Calvario, hizo que ésta no entrara a Atarazanas por Sagasta y Guillén de Castro y sí por Puerta del Mar; por lo que tuvo que ralentizar su andar para permitir la entrada de Dolores de San Juan en la Alameda, y a su vez estrecharse para que el Descendimiento hiciera un rodeo desde Puerta del Mar a plaza de Arriola por Sebastián Souvirón para evitar un parón y, además, dejar despejada la calle Larios en el cruce con Martínez para el paso de la Cruz Guía de Dolores de San Juan.

Asimismo, el nudo de la Catedral, a pesar de atemperarse, sigue latente. El sexto trono de los que entran en el templo mayor, el de la Virgen de las Angustias salió del Patio de los Naranjos a las doce y media de la noche, 30 minutos antes de su hora oficial de encierro de la Cruz Guía en La Malagueta. No deben entrar consecutivamente las tres hermandades catedralicias del Viernes Santo, no vaya a ser que con la ligereza y las prisas, continuemos descafeinando y aliviando el luto más si cabe.

 

* * * La melodía de la jornada fue 'Virgen de los Dolores' (Miguel Pérez, 1995) * * *

 

· Los 'cirios y focos' del Viernes Santo se encenderán el Miércoles de Pascua.
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