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Domingo, 16 Octubre 2016

El apóstol de la eucaristía, a los altares

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El que fuera obispo de Málaga y Palencia y promotor de las Hermanas Nazarenas, Manuel González García (Sevilla, 1877; Palencia, 1940), ya es santo. El Papa Francisco lo proclamó en la mañana de este domingo, 16 de octubre durante una ceremonia en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Figura crucial en la Iglesia española de la primera mitad del siglo XX fue fundador de las Hermanas Nazarenas y un promotor clave de la devoción a la eucaristía. Incluso llegó a ser conocido como el apóstol de la eucaristía.

Lo fue a partir de su propia experiencia vivida en el pueblo sevillano de Palomares del Río, cuyo sagrario abandonado y lleno de telas de araña le marcó para toda la vida, como destacó en 2001 el propio Juan Pablo II cuando fue beatificado.

Manuel González García nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877 y fue niño cantor en la catedral de esa ciudad. Ordenado sacerdote por el cardenal Marcelo Spinola, fue enviado al pueblo sevillano de Palomares del Río donde comenzó a combatir el abandono de los sagrarios, orando en las iglesias donde estaban abandonados por los fieles y a trabajar para que Cristo Eucaristía fuera amado y conocido.

En 1905 fue destinado a Huelva, donde se encontró con una situación de notable indiferencia religiosa, pero su amor e ingenio abrió caminos para reavivar la vida cristiana. Viajó a Roma, donde fue presentado a Pío X, a finales de 1912, como el apóstol de la eucaristía. El Papa bendijo sus iniciativas para reavivar la eucaristía, que culminó en 1921 con la fundación de la Congregación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, presentes en España, Portugal, Argentina, Ecuador, México, Perú, Venezuela y Roma.

Antes, el 22 de abril de 1920 fue nombrado obispo de Málaga, donde potenció las escuelas y la catequesis parroquial. Ese nombramiento lo celebró reuniendo en una comida festiva a los niños pobres, a quienes autoridades, sacerdotes y seminaristas sirvieron en una mesa que buscó convertir en prolongación de la mesa eucarística.

En su etapa como obispo vivió la creación de la Agrupación de Cofradías. Tanto su fundador, Antonio Baena Gómez, como él, mantuvieron una buena relación, aunque también hubo alguna que otra polémica relacionada con la organización y el fondo de varias actividades cofrades. Incluso dictó un decreto dirigido a las cofradías para controlar el comportamiento de los participanets en las procesiones, el tiempo que una hermandad estaba en la calle o el control económico de las mismas, entre otros puntos.

En 1935 el papa Pío XI lo nombró obispo de Palencia, donde intensificó la catequesis. En los últimos años su salud empeoró y falleció en Madrid el 4 de enero de 1940. Sus restos descansan en la capilla del sagrario de la catedral de Palencia. Sobre su tumba se lee una última voluntad: "Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!". El milagro que le llevó a los altares se cumplió en la curación de una mujer palentina que sufría de peritonitis tuberculosa.

El papa Francisco ordena el estudio del papel que tenían en la Iglesia primitiva las diaconisas, una figura que desapareció con el paso del tiempo. Tras "una intensa oración y madura reflexión", el Papa decidió crear una comisión, presidida por el obispo español Luis Francisco Ladarria Ferrer, anuncia la Santa Sede en un comunicado.

La comisión estará compuesta por 12 miembros, la mitad mujeres, y todos ellos religiosos y estudiosos como el docente de la madrileña Universidad Pontificia de Comillas Santiago Madrigal. Su objetivo será arrojar luz sobre la cuestión del diaconado femenino, "sobre todo en relación con los primeros tiempos de la Iglesia", según la nota oficial.

El papa ya había apuntado la posibilidad de crear esta comisión el pasado 12 de mayo, cuando fue interpelado al respecto por una religiosa durante la Asamblea la Unión Internacional de las Superioras Generales en el Vaticano: "Es una posibilidad a día de hoy", reconoció. El diaconado es el grado de consagración anterior al del sacerdocio y, previa ordenación, otorga la potestad de administrar algunos sacramentos como el bautismo y el matrimonio, una función de la que actualmente están excluidas las mujeres en la Iglesia Católica.

Según el Concilio Vaticano II (1962-1965), las funciones litúrgicas y pastorales del diácono son la de "administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos y leer la Sagrada Escritura a los fieles". También cuenta con el poder de "instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales y presidir el rito de los funerales y sepultura". El apóstol Pablo, en sus epístolas, narraba que en los primeros años de la Iglesia, tanto la occidental como la oriental, existían las diaconisas, aunque su función real no está del todo clara.

El papa Francisco, en el viaje de regreso de Armenia el 26 de junio pasado, recordó haber abordado esta cuestión con un profesor sirio que consideraba que las diaconisas ayudaban en la aplicación de los ritos a las mujeres, como el bautismo por inmersión. El pontífice ha pedido en varias ocasiones que no se conjeture sobre una posible ordenación de las mujeres en la Iglesia Católica, donde su ámbito de actuación se limita actualmente a las órdenes religiosas o algunas formas de laicado. Tal es así que, en el vuelo desde Yereván a Roma, manifestó su enfado a los periodistas que lo acompañaban, puntualizándoles que la creación de una comisión sobre las diaconisas no implicaría abrir la puerta a una hipotética ordenación de las mujeres.

Este debate no es nuevo: en una carta dirigida al arzobispo de Canterbury en 1975, el papa Pablo VI comentó que la posibilidad de ordenar a mujeres "no es admisible por razones verdaderamente fundamentales". Entre ellas, destacó que "Cristo eligió a sus apóstoles únicamente entre los hombres" por lo que "se ha establecido coherentemente que la exclusión de las mujeres del sacerdocio va en armonía con los planes de Dios para su Iglesia". En 1994, el papa Juan Pablo II secundó las palabras de su antecesor al resaltar que "la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir a las mujeres una ordenación sacerdotal", al tiempo que consideró que el papel de la mujer es "absolutamente necesario".

El papa Francisco ha subrayado en múltiples ocasiones el valor de la mujer, cuya función dentro de la Iglesia "no es tan importante como su pensamiento". "La mujer piensa de modo distinto a nosotros, los hombres, y no se puede tomar una decisión buena y justa sin escuchar a las mujeres", destacó.

"Esto querría subrayarlo: es más importante el modo de comprender, de pensar y de ver de las mujeres que la funcionalidad de la mujer", abundó, durante el vuelo de regreso de Armenia.

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